Brillante, amable, profesoral. Demagógico, verboso, condescendiente. Sagaz, elegante, sensible. Tramposo, sibilino, terco. Agudo, chispeante, docto. Soberbio, insensible, sumiso. Al doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, responsable de la respuesta mexicana a la pandemia de la covid-19 y vocero del Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre el tema, le fascinan los sinónimos. En cada una de las decenas de conferencias de prensa en que ha participado desde que inició la emergencia, ha enhebrado un sinfín de adjetivos que buscan matizar sus respuestas, otorgarles una pátina literaria frente a las preguntas —y el acoso sistemático— de los reporteros.

Tenemos en Palacio Nacional a un presidente que ha dejado atrás una serie de rituales que eran los que caracterizaban a un régimen político que dominó el país las últimas décadas. En el pasado han quedado las prácticas que buscaban establecer la comunicación presidencial, algo que se esperaba luego de la promesa en campaña de que se iba a transformar al país, algo que se ha empezado a hacer, aunque no siempre de la mejor manera.

Un presidente, se supone, es un funcionario público informado y debidamente asesorado. No es alguien con un cargo menor, sino quien ocupa la punta de la pirámide del organigrama de la administración pública. Pero la 4T ha venido a cambiar todo, incluso el papel que debe desempeñar el titular del poder ejecutivo, reducido ahora a un simple vocero que actúa, la mayor parte de las ocasiones, sin un guión que le ayude a salir bien librado de sus comparecencias públicas.

Quizá falten meses para volver a algo que ya se ha convertido en una aspiración de muchas personas, salir de sus casas, retomar sus vidas antes de la pandemia y volver a fiestas, lugares de reunión o eventos masivos, sean deportivos o artísticos. Pero lo que tendremos en el futuro cercano, llámese o no normalidad, será una nueva época en la que tendremos que adaptarnos a nuevas condiciones de vida, con cambios en muchas de las actividades que antes hacíamos sin considerar los riesgos de que haya un nuevo virus que nos regrese a nuestras casas.

Un singular acto tuvo lugar el viernes al interior de la Suprema Corte con centenares de servidoras del Poder Judicial protestando contra la violencia de género.

Sería buena cosa que el proyecto de Ricardo Monreal para modificar la composición y las competencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sirviera como revulsivo para poner en marcha el Sistema Nacional Anticorrupción, boicoteado desde su concepción por el gobierno anterior e incomprendido por la clase política actual. Y sería aún mejor que, además, ese revulsivo ayudara a revisar a fondo el funcionamiento de las instituciones que lo componen.