Hay que celebrar su vida y legado, propone María Cristina Cepeda. Fue un universitario distinguido, dice la UNAM. Es una figura central de nuestra literatura, hay que abrir sus libros, señala el INBA

Un poeta, antes de serlo, debería ser un buen prosista. Y esto a veces no es así. En esta lengua hay poetas notables que esconden a mediocres narradores, a articulistas vacíos y a novelistas y conferenciantes sin apenas nada que contar. García Montero, al que tienen por virrey de este género, es así: un poeta bueno y aburrido en lo demás. Eso no sucede, por ejemplo, con Erika Martínez. Con ella uno tiene la seguridad de leer primero a una buena prosista y luego a una excelente poeta.

 


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