«La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores». Si se hubiera encargado Blanca Portillo, escogería un ramo de rosas blancas. «Mis favoritas». Carme Portaceli habría elegido hibiscus. «Es que soy muy mediterránea», dice la directora. Ambas posan finalmente con ramos de siemprevivas. «Las vamos a utilizar esta tarde en el ensayo para que nos den suerte», dice Portaceli, antes de llevar a la actriz hasta un palco para ver el escenario del Teatro Español, donde los operarios han desnudado sus tripas: se ven las poleas, cuerdas y todos los engranajes que mueven las escenografías. «Me encanta, es algo que no suelen ver los espectadores», exclama con admiración Portillo. La pared frontal de ladrillos, habitualmente tapada por los decorados, se ha pintado de un blanco muy Castellucci sobre el que los técnicos proyectan algunas imágenes. Está claro que la adaptación de Mrs. Dalloway que preparan ha abandonado el Londres de entreguerras y vive en el siglo XXI.