Los carniceros de hoy serán las reses del mañana, eso pasa precisamente con el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) que, durante cinco años, hizo de las suyas. Sus integrantes se conducían con una soberbia y frialdad, sintiéndose los illuminati de la educación mexicana. Se creyeron que su palabra era la última y más consagrada orden que a cualquier precio se tenía que ejecutar. El objetivo de su desenvainada guadaña evaluatoria, disfrazada por un examen cuadrado y confuso, fueron los maestros.

 

 

 

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