El México de hoy, siguiendo la línea discursiva que cada mañana se da desde Palacio Nacional, está dividido en dos bandos. En repetidas ocasiones el presidente se ha referido a los conservadores, que lo atacan, y a los liberales que él representa. No hay matices en sus palabras, su escala de colores se reduce al blanco y negro, en una simple intención: divide y vencerás.

Para nuestro presidente, es importante que él denuncie a quienes lo critican, pues en varias ocasiones ha dicho que es el mandatario más atacado desde Madero. Pero en esta acción, más por estrategia de propaganda, mete en la misma bolsa a todos sus críticos –llenándolos de calificativos como conservadores o fifis–, ocultando que estas opiniones negativas provienen de todos los sectores sociales, que ven como la conducción del país no es la adecuada para el momento actual que vivimos. Y sí, la izquierda también ha criticado al presidente.

En distintas encuestas que exploran la preferencia electoral rumbo a los comicios de 2021, llama la atención las cifras sobre indecisos, es decir, acerca de las personas que aún no definen por qué partido van a votar el año entrante. Vale la pena revisar qué hay detrás de este dato.

“…todo cambio, como el de época que estamos viviendo, pide un camino educativo, la constitución de una aldea de la educación que cree una red de relaciones humanas y abiertas. Dicha aldea debe poner a la persona en el centro, favorecer la creatividad y la responsabilidad para unos proyectos de larga duración y formar personas disponibles para ponerse al servicio de la comunidad”. (p. 3) 1

Como país, México enfrenta problemas en el terreno económico con un nulo crecimiento, desempleo e informalidad crecientes, además de que la inseguridad sigue siendo una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos, y sin mencionar que tenemos más de 85 mil muertes por Covid-19 o que los escándalos por corrupción siguen. ¿Qué se ha hecho para resolver estas crisis? Simple, lanzar discursos al por mayor desde Palacio Nacional

Durante los pasados 2 meses, Andrés Manuel López Obrador comenzó a vivir rápidamente en el asedio y la descalificación. El deterioro de su gestión. Una descomposición social que le ha comenzado a sembrar discordias y exigencias vociferantes a su paso por el país. A las puertas de Palacio Nacional -donde vive y despacha- comenzaron a llegar grupos de ciudadanos de todo el país que lo acusan de haberles fallado, de no cumplir promesas o de plano de actuar dolosamente en su contra.

El fanatismo, definido como una adhesión incondicional a una causa sin matices, incluso llegando a extremos cuestionables, es algo que está presente en nuestra vida nacional. Las redes sociales han dado sobradas muestras de como operan y se comportan los fanáticos del actual presidente, un fenómeno que afecta buena parte de las actividades del país. Si usted todavía tiene dudas acerca de como identificar a un fanático, aquí dejo algunas pistas.

El líder dice que está protegido contra de la Covid-19 por los detentes que porta y muchos mexicanos corren a comprar uno para emularlo, en tanto que otros se niegan a usar cubrebocas porque él no lo usa, además de que aceptan el llamado y acuden presurosos a firmar en una consulta para enjuiciar a expresidentes, como si la aplicación de la ley fuera motivo de ese tipo de prácticas y no de un riguroso ejercicio sin pedir la opinión del pueblo. Pero se trata de la influencia que el presidente ejerce en buena parte de la población, incluida la oposición que discute los temas que él pone sobre la mesa.

Cada proceso electoral nos muestra a varias Asociaciones Política que buscan convertirse en partidos políticos. Algunas lo logran, otras no; unas tienen un paso efímero en el concierto político, en tanto que otros pasan a formar parte de la chiquillada. Lo sucedido con México Libre, pese a los personajes que tiene como principales impulsores, es una lección para muchos, pues muestra que no basta con tener a figuras conocidas para obtener el título que les permita participar en elecciones y obtener financiamiento público.

Es algo que se ha hecho común en redes sociales. Ante cualquier intento de crítica o difusión de algún error o irregularidad del gobierno actual, la legión de fanáticos sale a la defensa, pero no para aclarar los temas, sino para desviar la atención hacia la agenda que el presidente y su grupo desean se maneje. A cada crítica, la respuesta es simple: son parte del PRIAN, de la mafia del poder, de los nostálgicos del pasado corrupto, aunque no les digan mentirosos.