Luego de la elección de 2018, se ha debatido mucho acerca del mensaje que los ciudadanos enviaron a través de sus votos a los partidos políticos. La debacle que representó el saldo obtenido por los partidos tradicionales y el encumbramiento de un movimiento articulado alrededor de la figura de un caudillo, se pensó que representaba no sólo el hartazgo de los ciudadanos por la manera en que funcionaba el sistema de partido, sino el fin de los institutos políticos como los conocemos, pero lo que vemos en este inicio del proceso electoral de 2021 es la repetición de las mismas prácticas que se llevaban a cabo en 2018 y años anteriores.

Por supuesto que a todos los que vivimos en San Martín Texmelucan nos preocupa, y nos ocupa, el tema de seguridad pero tendríamos que averiguar qué certeza tendríamos de que el instalar un cuartel (si es que se instala) nos brindaría la seguridad social que necesitamos para vivir y desarrollarnos dentro del municipio.

Con la postulación de candidatos plurinominales, los partidos han decepcionado, pero quizá lo que muchos no ven es la dinámica interna que condujo a tomar este tipo de decisiones. El microcosmos partidista es complejo y para quienes impulsaron candidaturas ciudadanas es algo completamente ajeno.

Les cuento que el controversial personaje Noé Peñaloza logró 391 obras públicas en su gestión como Presidente Municipal de San Martín Texmelucan ¿Qué significa esto? Que fue uno de los ediles que efectuó el mayor número de obras en juntas auxiliares y la cabecera municipal.

A pocos meses de las elecciones de este año, las más grandes por el número de cargos en disputa, una pregunta se ha puesto en la mesa de discusión pública, sin que muchos hayan respondido al tema, en especial luego de los resultados obtenidos en los comicios de 2018, ¿el sistema de partidos, como lo conocemos, ya dió de sí y estamos ante su ocaso?

 

¿Fin de una época?

El mensaje que los votantes enviaron en 2018, al parecer, no ha sido entendido por los partidos políticos tradicionales.

Si lo que se rechazó fue la actitud de hacer negocios al amparo del poder, en un claro ejemplo de corrupción, y que una clase privilegiada acaparará las candidaturas, lo que vemos en 2021 muestra que no hubo autocrítica.

Las listas de candidatos, en especial los plurinominales, vuelven a presentar a cuadros políticos conocidos, algunos con varias legislaturas a cuestas, por no mencionar a familiares de los actuales líderes o integrantes de los grupos que controlan a los institutos políticos. 

Se alega que se trata de políticos con experiencia que cumplen con el perfil que se necesita para dar la batalla ante un lopezobradorismo que busca un Poder Legislativo sumiso. También se argumentó que se trata de políticos profesionales, que buscan continuar con sus carreras políticas, aunque sus resultados sean más bien discretos.

Por lo visto, los partidos no se han preguntado que quiere el elector.

Ante las expresiones en medios y redes sociales que demandan un cambio en formas, candidatos y propuestas, los partidos responden siguiendo los mismos procedimientos que antes del 2018 y con los mismos nombres de siempre.

De hecho, que se recurra más a palabras como movimiento, frente u organización para sustituir el término partido, nos muestra que se trata de algo ya desgastado y que genera rechazo entre los ciudadanos.

Pero no vemos ni siquiera un cambio en la imagen de los partidos o algo que demuestre que entendieron que la derrota electoral del 2018 tenía que traer consecuencias y provocar modificaciones para que el votante les regresara su confianza.

Se tiene que considerar que en el seno de Morena se replican las prácticas que tanto rechazo generaron entre la ciudadanía, pues también empiezan a surgir casos de nepotismo, de irregularidades que califican como corrupción, de candidatos que van por su tercer o cuarto partido, de políticos que presumen como único mérito una foto con el líder del partido y de errores en la administración pública que empiezan a manifestarse con un creciente desencanto ciudadano.

Todas estas consideraciones se empiezan a expresar en manifestaciones como las siguientes:

En junio podríamos tener un mayor abstencionismo, con lo cual se mostrará que el sistema de partidos ya no responde a los fines para los que fue creado.

También podríamos ver que los partidos, ante su desgaste, terminen siendo sustituidos por líderes carismáticos que organicen movimientos para alcanzar el poder. El caso de López Obrador es un ejemplo de esto, algo que podría ser imitado, en especial en 2024 con la renovación de la presidencia de la república.

Otra manifestación se tiene en la postulación de deportistas, cantantes y personajes del cine y la televisión, quienes buscan aprovechar su popularidad para atraer un voto que los partidos por sí mismos no alcanzan.

En este apartado se tiene que apuntar a personajes que gracias a los escándalos que protagonizan en redes sociales o medios de comunicación, han logrado construir una base de popularidad que les es suficiente para competir en unos comicios en los que importa más la personalidad que la capacidad, y aunque no logren ganar, pueden mantener abierta la puerta para una siguiente postulación, como lo ha ejemplificado Movimiento Ciudadano y su candidato a gobernador en Nuevo León.

Quizá la opción sea que los partidos desaparezcan para ahorrarnos todo el dinero que implica su financiamiento público, para que previo a las elecciones los candidatos que quieran competir organicen sus propias plataformas a partir de una agenda mínima, en las que los recursos económicos provengan, una parte, de la autoridad electoral y la otra de sus simpatizantes, con una fuerte fiscalización y revisión de la normatividad electoral.

Para analistas como Fernando Dworak, el 2021 podría ser la gira de despedida del sistema de partidos como lo conocemos, algo en lo que coincidimos plenamente; los indicios que vemos en la actualidad apuntan en esa dirección, pero no alcanza para saber qué sustituirá a lo que actualmente tenemos en el ámbito electoral.

Es posible que la era de los partidos deje su lugar a una época de caudillos, en la que los electores busquen al líder que resuelva sus problemas con promesas, más que con acciones, oscilando entre liderazgos de izquierda y de derecha de acuerdo a la simpatías que despierten los candidatos de acuerdo a las narrativas que construyan.

Tal vez, sea peor lo que vendrá, en tanto el ciudadano no revise lo hecho por nuestros gobernantes y utilice su voto como un premio o castigo a quienes verdaderamente hacen bien o mal su trabajo.

@AReyesVigueras

Es un hecho que la contingencia sanitaria del COVID-19 se ha extendido por más tiempo del esperado. Entre las razones detrás de esto destaca la falta de cooperación entre la sociedad, el gobierno y las empresas para cumplir con estrategias como el quedarse en casa, para disminuir los contagios. Es de resaltar que, a pesar de que la no colaboración nos ha llevado a un escenario desfavorable en lo económico y en lo social, esta continua. ¿Por qué ocurre esto? Usaremos el modelo del Dilema del Prisionero (DP) para explicar esta situación.

Hace unos días, los medios de comunicación en México dieron a conocer la buena noticia de que, después de más de 100 años de ausencia, nuevamente corren bisontes por las praderas de Coahuila. Esto se debe a que fue reintroducida una manada de 19 ejemplares en la Reserva Natural El Carmen, un territorio privado transfronterizo de 140 000 hectáreas, en donde es posible encontrar hasta cinco diferentes ecosistemas en los que vive una enorme cantidad de especies de flora y fauna. El restablecimiento de bisontes en nuestro país es un verdadero caso de éxito para recuperar especies en peligro de extinción y es el resultado de la colaboración estrecha de diferentes instancias gubernamentales mexicanas y estadounidenses, instituciones académicas, el sector privado y organizaciones de la sociedad civil.

La defensa que se hace de López Obrador en el sentido de que muchos de sus críticos callaron ante lo ocurrido en sexenios pasados o que no se escandalizaban ante evidentes actos de corrupción, tiene un punto débil: que se trata de una mentira. La simple revisión de algunos hechos sucedidos en lo que va del siglo, nos muestra que los tres anteriores presidentes tuvieron sus escándalos de corrupción, críticas al por mayor y un daño a su imagen que no se ha logrado revertir, contrario a lo que intentan argumentar los actuales defensores.

Las protestas de mujeres en contra de los feminicidios o de los familiares de desaparecidos o de niños con cáncer han recibido la misma respuesta: se trata de provocadores movidos por los conservadores. Esa es la realidad que nos han hecho creer tanto el propio presidente como sus defensores, en una dinámica que oculta un hecho que debería preocupar en Palacio Nacional: ¿por qué un presidente que afirma que todo va bien en su administración necesita tanta defensa?

México se encuentra en una situación muy particular en su historia. Dividido desde el poder político, enfrentando varias crisis de manera simultánea y con un gobierno que no ha demostrado estar a la altura de las necesidades del país, a pesar de lo que digan sus defensores. Al terminar el año, se hace necesario que reflexionemos acerca de la manera en que llegamos a este punto de nuestra vida como nación.

Una petición que vuelve a generar polémica por las palabras salidas de la boca del presidente. Que los partidos políticos y el INE cedan sus tiempos en medios electrónicos para atender la emergencia sanitaria. Desde luego que las críticas no se han hecho esperar, pero se trata de otro episodio más de quien presume su conferencia mañanera como una eficaz herramienta de comunicación que hizo posible reducir el presupuesto de publicidad oficial, pero que ahora pide que le den más espacios en medios.