Un aspecto poco analizado en nuestros medios, es el que tiene que ver con la militancia de cada uno de los partidos en nuestro sistema político. Las acusaciones, en algunos casos específicos, de afiliación masiva generan dudas acerca de si en verdad es una actividad libre de ciudadanos interesados en participar organizadamente en la política o una en donde el factor económico es la principal motivación.

Con la sucesión de 2024 en marcha, queda pendiente saber qué otros temas deberían estar en la agenda de medios, pues parece que la discusión se centra solamente en quién será el candidato de Morena para la siguiente elección presidencial, pero por los resultados que ha tenido el actual gobierno, se entiende que se busque la manera de distraer la atención, algo que con la idiosincrasia de nuestra ciudadanía y comentocracia es algo sencillo.

Como en el cuento de Augusto Monterroso, el dinosaurio tricolor sigue ahí, a pesar de dos sexenios azules y uno, el actual, en que se habla hasta el cansancio de transformación y que “no somos iguales”. Para quien quiera ver, las señales se han dado, desde el regreso del presidencialismo omnipotente, del tapado, del hecho de que volvemos a hablar de sucesión y de que se vuelve a tener a un partido que busca llevarse de todas, todas.

Si se revisa con cuidado la conversación pública que se da en medios de comunicación y redes sociales, nos podremos dar cuenta que es todo lo que se quiera menos conversación. Es tal el nivel de polarización, que no se puede aspirar a un diálogo civilizado en el que el intercambio de puntos de vista se dé lejos de los terrenos de la lucha por el poder que actualmente tenemos.

Con una participación mayor al 50%, gracias a la concurrencia en los comicios, las elecciones del pasado 6 de junio nos dejan varias lecciones que muestran que la ciudadanía se mantiene dividida y que persiste en su rechazo a los partidos políticos tradicionales. Varias son las lecciones que nos deja esta votación, algunas negativas, pocas positivas que deben motivar la reflexión no sólo de la clase política, sino de los electores en general.

Un tema que se ha analizado poco es el que tiene que ver con el impacto de los spots en las campañas electorales. Se trata de millones de piezas que cada temporada electoral nos vemos obligados a ver en las pantallas de los medios de comunicación, en algo que deja la duda no sólo de su utilidad, sino de si realmente ayudan a la participación ciudadana en las urnas.

Hay una crítica que la 4T no ha podido evadir. Esto tiene que ver con lo mucho que presumen que se trata de una transformación de un país con un régimen corrupto e instituciones que no servían para los fines que fueron creadas, por lo que había que arrasar con ellas y poner las bases de la revolución que enarbolan.

Hay una diferencia muy grande entre asumir la responsabilidad y evadirla, una muy grande entre aceptar un error y echarle la culpa a alguien más. Esto es algo que ha llamado la atención de muchos en lo que va del sexenio, pues ante cualquier denuncia –como se hacía con otros gobiernos– la respuesta no es una promesa de investigación o una corrección, sino la búsqueda de a quien culpar por esto, agregando la necesaria polarización a este nefasto cóctel.

El nepotismo, el uso de la imagen del presidente en las campañas de Morena y el efecto que tendrá lo sucedido en la Línea 12 del Metro de la CDMX son temas que han impactado en el actual proceso electoral, se trata de asuntos que ayudan a explicar la baja en las preferencias electorales del ahora partido oficial en la actual contienda por los votos.

Las actuales campañas electorales dan mucho de que hablar, aunque lamentablemente poco positivo. Este es un breve recuento de algunos detalles que vale la pena recordar, como una manera de ir llevando la agenda de lo que se está presentando en estos actos proselitistas, que prometen de todo, menos ser aburridos.

Las encuestas muestran que la oposición tiene la posibilidad de arrebatar la mayoría de los asientos de San Lázaro al actual partido oficial. Con pocas semanas de iniciadas las campañas electorales, las mediciones indican que la opción va de la mano de los mensajes que sepan enviar a los electores, eso siempre y cuando puedan llegar a convencer a los votantes de que realmente vale la pena darles sus votos, a pesar de que no han realizado el necesario ejercicio de autocrítica que muchos estamos esperando.

Los comicios de este año, representan un problema para los electores en cuanto a que las posibilidades a elegir no representan buenas opciones, pero hay que votar para tratar de corregir una situación que a todos tiene mal. Las dos grandes alianzas que están pidiendo el voto en las actuales campañas, tienen el problema que son derivaciones de la misma clase política que genera rechazo entre los votantes, pero que si usa unas siglas es aceptada y si usa otras es cuestionada.