Un Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrad que hizo la construcción exprés de la línea 12 del Metro de la ciudad de México que, por fallas en su diseño, colapsó dejando 26 hogares enlutados.

 

Cuál era la urgencia un Presidente de Morena, Mario Delgado, que autorizó un costo de mil millones de dólares extras al cambiar el rodamiento neumático por metálico, lo que generó un severo desgaste de las vías y obligó a cerrar por un año la operación de esa Línea 12. ¿Dónde quedó ese dinero?

 

Una jefa de gobierno de la ciudad de México, Claudia Sheinbaum que promete justicia, contrata un peritaje y al momento de recibir el documento final la descalifica a la empresa noruega con prestigio internacional, porque la conclusión es que además de mal construida la línea 12 tenía serias fallas de mantenimiento. ¿No quiso enfrentar su responsabilidad?

 

Un empresario constructor Carlos Slim, que se haga justicia por sus propias declaraciones, exonerando a sí mismo por las fallas y las vidas que cobró la tragedia en el tramo de la línea 12 que su empresa deficiente y negligentemente construyó. ¿Será que se siente dueño de México? un Presidente que busca salvarle la cara a todos, menos salir a abogar por las víctimas y sus familias, que se ven obligadas a ir a una corte de Nueva York a reclamar lo que en justicia les corresponde.

 

Tienen razón, los de hoy no son iguales son peores. Porque el último episodio de las investigaciones en torno a la línea 12 del metro, que tardaron más de un año en concluirse fueron descalificadas, sin más, por Claudia Sheinbaum, bajo el argumento de que alguien con conflicto de interés se les coló en el peritaje. Acusa a la mano negra. Ser las eternas víctimas, tirarse al piso para que se les tenga compasión, sacarle la vuelta a sus responsabilidades y cuando todo eso falle, buscar a los conservadores para endosarlos con culpabilidad.

 

Esa es la historia de siempre dentro del gobierno de Morena, su maestro es el inquilino de Palacio Nacional Andrés Manuel, y todos, sin excepción, ya aprendieron que el camino más corto para eludir la culpabilidad es la de declararse víctimas.

 

Denunciar que el complot los persigue; pero eso no pega en el caso de la tragedia de la línea 12. Porque alguien tiene que asumir la responsabilidad. O fue quien aceleró su construcción, o quién la construyó deficientemente o quien no le dio el mantenimiento adecuado.

 

A un año del colapso cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, no se tenga una conclusión y que todos dentro del gobierno se lanzan la pelotita para eludir su responsabilidad, es criminal.

 

Sobre todo, porque no es casualidad que los dos personajes centrales en esta tragedia son Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, los dos precandidatos presidenciales punteros de Morena para la elección del 2024.

 

Tampoco es una casualidad que el líder del partido en el poder Mario Delgado, sea otro de los involucrados en la danza de los dineros que financiaron malas decisiones que dieron al traste con una obra magna.

 

Y mucho menos es obra de la casualidad que el constructor del tramo colapsado Carlos Slim, sea quien asumiendo como juez y parte se lave las manos y diga que con reparar el daño se olvidan las 26 vidas y los millones de horas hombre que se perdieron, primero al reparar la falla de los rodamientos y ahora por el cierre de la línea 12 tras la tragedia.

 

Pero eso solo sucede en un gobierno que enarbolaban como estandarte la lucha contra la corrupción y que ahora, como premio a su auto exoneración en la línea 12, le entrega a las constructoras del hombre más rico de México algunos de los tramos clave del Tren Maya.L

 

La tragedia de la línea 12 del Metro está por convertirse en la lápida que sepultó las aspiraciones políticas de los dos principales aspirantes y que de paso se lleve al presidente de Morena y a uno de los financiadores políticos más importantes de la Cuarta Transformación.

 

Es triste que ése sea el panorama del futuro de México. Tan triste como esperar que la verdad de lo que sucede en nuestro país tenga que venir desde los tribunales de los Estados Unidos.

 

En la campaña presidencial del 2018, nos prometieron y casi nos juraron que se iba a separar el poder político del empresarial.

 

Que las complicidades de funcionarios y constructores verían en este sexenio su fin.

 

Al menos en el caso de la línea 12, del metro ambos descansan todavía en la misma cama y planean su renovación de votos rumbo al 2024, pero al final se deben preparar para una nueva alternancia en la presidencia como a ellos les tocó en el 2018.