El próximo miércoles 1 de diciembre estaremos los mexicanos en el punto intermedio exacto del gobierno que se ha autodenominado como de la “Cuarta Transformación” surgido de un movimiento social tras varios años encabezado por Andrés Manuel López Obrador, como partido político MORENA desde el 2014, y que arrasó en las elecciones federales (y también locales) del primer domingo de julio del 2018, en la que se considera la primera elección presidencial del México moderno, realmente democrática.

 

Poco más de 30 millones de votos dieron a AMLO – legitimidad y legalidad plena, y la inercia de su triunfo que llevó a una mayoría en el Legislativo Federal (Senadores y Diputados) y a triunfos en Gubernaturas, Congresos Locales y Ayuntamientos, de tal forma que dicha inercia tres años después ha llevado a triunfos de MORENA en elecciones locales en casi todo el mapa nacional, de tal forma que nuestro país si se ha transformado, según muchos para bien, y un porcentaje casi igual que no lo reconoce así.

 

A la mitad del camino mucho del estilo de gobierno de AMLO se le puede analizar y desde luego, debatir, nos quedamos por esta vez en dos hechos relevantes: el económico y el político.

 

En el caso del primero muchos apostaban al fracaso de un nuevo modelo económico – presupuestal con una tendencia de marcado tinte social (siete programas instituidos) y para muchos al populismo de quien encabeza el proyecto.

 

Totalmente errático resultó ese pronóstico y el gobierno de AMLO ha mantenido indicadores macroeconómicos moderados y estables, la economía del bolsillo no ha resultado perjudicada en lo general a pesar de la pandemia del COVID y su impacto mundial y nacional.

 

El manejo de la economía hasta ahora ha sido responsable y aun cuando han transitado tres secretarios (SHCP) el actual Rogelio Ramírez de la O, le ha dado certidumbre y estabilidad primero desde el exterior y desde hace unos meses como titular de las finanzas nacionales.

 

Aun con niveles de inflación que no pasan de un 8.0% el país no sufre crisis de deuda ni de producción y si un estancamiento, post COVID.

En lo político, si bien la inseguridad que deriva en el delito tanto del fuero federal y del fuero común ha sido creciente, el gobierno de AMLO ha planteado con fuerza una nueva relación con Estados Unidos, de donde provienen los problemas de consumo de drogas y tráfico de armas, herramientas básicas de la delincuencia y la inseguridad.

 

La política interior, con la mayoría de MORENA en los poderes federal y locales da estabilidad aun cuando se pueda tachar de algunas dosis de autoritarismo.

 

Y la política exterior a la que también apostaban un fracaso, con el estilo personal de AMLO, está ha sido regular y los últimos hechos (presencia en la ONU y relación bilateral del NORTE) han mostrado que el presidente mexicano es un estadista con oficio.

 

Pero como siempre apreciado lector usted tiene la mejor opinión al respecto.