Evocamos que el encuentro presidencial del miércoles próximo en Washington será la cumbre de los “Narcisos” en medio de muchas controversias sobre los motivos reales de la visita a la capital norteamericana.

Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, son dos mandatarios que operan tan en los extremos, en la derecha y en la izquierda que inevitablemente se tocan y con ello trastocan el sentido de su realidad, para adaptarla a su imagen y semejanza.

Ambos sienten que alcanzaron, la silla más poderosa de sus respectivas naciones, porque tenían la misión de cambiar el mundo Trump, prometió limpiar el pantano del “gobierno profundo” y López Obrador, acabar con la “corrupción” auspiciada por la llamada mafia del poder.

Trump ,hace y deshace casi a su antojo defendiendo desde los apoyos que recibió con el Rusia-Gate o los beneficios fiscales a los de su clase, hasta el criminal manejo del Coronavirus que hace hoy de los Estados Unidos, el ombligo universal de la pandemia, si una frase de le acomoda ahora es “El pantano soy yo”.

López Obrador, no solo no desterró a la “Mafia del Poder”, le rescato su fallido aeropuerto de Texcoco, les creó un Fobaproa aeroportuario y hoy tiene a los mismos, a los que odiaba por corruptos, construyéndole su Tren Maya, ya ni existen en el lenguaje de las platicas mañaneras.

Desde la Casa Blanca o desde el Palacio Nacional, Trump y López Obrador proclaman su verdad, absoluta, incuestionable, siempre con “otros datos”, con mentiras claras o con verdades a medias, la razón siempre les pertenece.

Y cuando alguien se atreve a disentir o a increparlos, el cese o la renuncia caen como la espada, que siempre está ahí para someter amenazante a los sobrevivientes que deciden continuar acompañándolos a contemplar su imagen en la fuente.

Los dos han hecho de sus Sillas Presidenciales la fuente de contagio de los odios y el epicentro de los rencores que polarizan en ambas naciones, blancos o de color, ( fifís o chairos)

Ambos usan a modo la fe, lo mismo la biblia o las estampas del detente, para conectar o tener empatía con sus bases cristianas, protestantes o evangelicas. Nosotros los buenos, ustedes los malos.

Trump, transformo la Casa Blanca, en una arena donde se faja lo mismo con el Congreso que con la comunidad científica a la que desprecia, ataca frontalmente a medios y periodistas, incluyendo a los dueños de Facebook, Twitter y Yahoo, está convencido de que existe un complot en su contra y se autoproclama el Presidente más atacado en la historia moderna de los Estados Unidos.

López Obrador, también instalo su cuadrilátero en Palacio Nacional, en donde todo el tiempo pasado fue peor, lo “neoliberal”, es malo y “lo que yo hago”, es bueno, censura a medios y periodistas, por nombre y apellidos, ataca a las redes sociales a las que antes les llamaba “benditas”, revela e inventa el complot de la BOA, y también se autoproclama el Presidente más insultado en la historia de México.

Si para Trump, la realidad no se apega a su script no tiene empacho en romper con la OMS, menospreciar a la OTAN, criticar a la Reserva Federal, insultar a la Unión Europea, pero está presto a congeniar y a extenderle su mano amiga lo mismo al ruso Vladimir Putin, o al Coreano Kim Jung, que al terrorista y sanguinario Talibán.

López Obrador, ataca a empresarios y organizaciones, feministas, y de la sociedad civil a medios y periodistas, amenaza a la CRE, a la COFECE, y al INE, ningunea a los 32 gobernadores con quien tiene seis meses, sin convocarlos por la República, pero llena de abrazos y le extiende la mano y el favor de la fuga, a uno solo de los cárteles.

Por eso decimos que la del miércoles, será la “Cumbre de los Narcisos”, porque ambos están tan endiosados en lo que cada uno siente, piensa y hace, que se niegan a escuchar otras voces sensatas a su alrededor, están demasiados ocupados contemplando su imagen presidencial.

Solo se supo que el miércoles, el presidente López Obrador, se trasladará a la casa blanca, en donde después de los saludos protocolarios, presentación de comitivas y firma del libro de invitados, sostendrá un encuentro privado con su homólogo estadunidense. Al termino de este, se celebrará una segunda reunión entre ambos mandatarios con sus respectivas comitivas.  

 

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