Después de convivir intensamente durante un año y medio, la nueva normalidad podría generar en las mascotas depresión, miedo y ansiedad.

 

Quienes nos quedamos en casa como consecuencia de la emergencia sanitaria lo sabemos. Dormir, comer, trabajar, ver la televisión y descansar se hace junto con nuestros animales de compañía. Ya sea en el sillón, en el piso o sobre el regazo, las mascotas que viven en casa se vuelven parte de la dinámica familiar.

 

Como tal, la cercanía permanente que se generó en tiempos de COVID-19 con ellos podría resultar no tan saludable. Algunos expertos aseguran que los perros y gatos podrían sufrir depresión al separarse de sus seres queridos una vez que se instaure la nueva normalidad y reabran las oficinas y otros espacios públicos.

 

Obsesión por compañía

 

Así como los límites personales y las dinámicas familiares cambiaron por los encierros multitudinarios para evitar contagios, un número considerable de personas en todo el mundo optó por buscar compañía desde casa. Una de las soluciones más recurridas fue adoptar o comprar mascotas. Para lidiar con el letargo y la angustia, conseguir una compañía peluda que no renegara de la comida o se quejara del encierro resultó una buena solución a mediano plazo.

 

Nick Paumgarten, corresponsal para The New Yorker, identificó este fenómeno como una ‘salida fácil’ ante la soledad, la tristeza y la angustia:

 

“No importa cómo manejes los números, la adopción de mascotas se convirtió en una obsesión en la época del COVID-19. Surgió una historia de que las personas, confinadas en sus hogares, privadas de contacto con el mundo exterior y que a menudo sufrían angustia emocional o psicológica, estaban adoptando más mascotas de lo habitual[…].”

 

De bote pronto, ocuparse de una mascota le sirvió a muchos como un paliativo contra el estrés pandémico. Con un animal doméstico, conectarse a reuniones virtuales o tomar clases a distancia se hizo menos difícil. Sin embargo, un nuevo reto se impone para las personas que desarrollaron este tipo de relaciones cercanas con sus animales de compañía. Con la nueva normalidad, ambos lados podrían verse severamente afectados.

 

Una nueva distancia

 

Los animales domésticos son seres sensibles. Aunque no entiendan la realidad como la percibimos los seres humanos, es una realidad que establecen vínculos afectivos con quienes comparten espacio, comida y experiencias. Más aún en tiempos de tanta cercanía e intimidad, como los que ocurrieron a partir de los encierros obligatorios por la pandemia desde hace más de año y medio.

 

Como tal, las mascotas que viven con nosotros se han acostumbrado a sentirnos cerca. Al estar todo el día en casa con ellos —o la mayor parte de la semana—, suponen que esta dinámica se puede prolongar indefinidamente. Sin embargo, no es el caso. Por el contrario, empezarán a no vernos en casa. Poco a poco, esa lontananza impuesta podría generar en las mascotas depresión, miedo y ansiedad.

 

Finalmente, así como los seres humanos, los animales de compañía sienten la ausencia. Extrañan. Sienten dolor al no estar cerca de sus seres queridos. El sentimiento de abandono es un riesgo real, que cada familia deberá de enfrentar como mejor le sea posible.

 

Una de las soluciones más viables es hacer el proceso de separación pospandémica progresivo, al punto que los animales no sientan el impacto tan brusco. La nueva distancia que generará el ‘regreso al mundo’ ciertamente generará rompimientos. Qué tan saludables serán todavía permanece como una incógnita, en el aire.