“Cada hombre prominente tiene sus discípulos,

pero siempre hay un judas

que escribe su biografía”. Oscar Wilde

Es común escuchar -por lo general en épocas preelectorales- preguntas acerca de cómo hacer, qué observar, donde indagar, a qué o a quién recurrir para saber cómo realmente es un candidato, quién es detrás de su máscara transmitida por los medios y con base en este conocimiento, poder decidir -con más certeza- si es digno o no de otorgarle el voto.

Responder a esta lógica y muy frecuente pregunta y tratar de ofrecer una adecuada respuesta, está bien lejos de ser fácil. Sin embargo, es una de las cuestiones a las cuales tiene que dar -mejor pronto que tarde- una acertada solución por parte de las diferentes disciplinas sociales y dentro de ellas -concretamente- el Politing.

Sin pretender plantear la última palabra y sólo con el fin de ofrecer algunas luces serias para guiar a los ciudadanos -de cualquier latitud en esta pequeña aldea global- se proponen dos métodos útiles para conocer quién es realmente un candidato y corroborar -con cierta propiedad- si lo que un elector está pensando o creyendo de él es cierto o no. Estos métodos son dos (1) El Análisis de su “Currículo Vitae –CV” y (2) El Análisis de su Discurso- AD. En este artículo, ahora y aquí, se profundizará en el primero.

El “Currículo Vitae” o simplemente “CV” (que con mucha razón en algunos países lo conocen como “Hoja de Vida” o “Resumé”), hace referencia a la conocida frase evangélica de que “por sus frutos los conoceréis”. Y es que la historia, trayectoria, realizaciones, obras y hasta milagros de una persona cualquiera, se pueden seguir, observar y analizar estudiando y evaluando su “CV” como extracto, resumen o síntesis de su propia biografía. Y hoy toda huella, los rastros, pistas y vestigios de nuestras acciones, pueden ser técnicamente verificados y fácilmente comprobados.

Además, la “Vocación Política” de una persona es muy fuerte y consistente, tal y como lo puede ser la vocación militar, religiosa, comercial o de servicio. Y como nadie fácilmente se deslinda de su pasado, se separa de sus ancestros, se demarca de sus obras, medioambiente, conocidos, parientes, amigos y relacionados, mediante análisis serios y con pesquisas exhaustivas es posible rastrear los antecedentes para reconstruir el recorrido de ese candidato en su propio, particular e irrepetible “Camino de la Vida”.

Pero como el demonio está en los detalles, es necesario que estas observaciones sean imparciales y críticas y por lo tanto profesional, científicamente reunidas y extraídas con una apropiada metodología y un proceder muy objetivo. Por eso, debe realizarse por personal idóneo y calificado y precisamente la Academia, los centros de Estudio y las Universidades -como Institución serias- son el sitio y espacio más apropiado para ello.

Ya en varios países ya, Instituciones serias y de reconocida solvencia moral -pero sobre todo imparciales y no comprometidas con ningún partido o movimiento político alguno- realizan y presentan ante la ciudadanía (como parte de su función de “Extensión” es decir, de su compromiso para con la comunidad) análisis comparativos prudentes y objetivos de los diferentes “curricula” de los candidatos en disputa. De ahí que ahora sí, apostarle a un buen “CV” no es un ilusorio e idílico canto a un incierto futuro, sino que es el hecho real de enfrentarse a un futuro que se puede modelar, con base en un pasado irrepetible, como proceso conjunto que queda -irremediablemente- reflejado en su CV.

Obviamente, estos análisis se realizan previa comprobación de lo que aseguran juran y hasta ratifican con su firma (en sus rimbombantes “resumé”) cada candidato. Se los procede a calificar de acuerdo con escalas y variables como cumplimiento de sus promesas, consistencia en sus planteamientos, experiencia en cargos públicos, desempeño y recorrido laboral, penas y condenas y otras muchas más, con el fin de ayudar a la ciudadanía a que tomen -con su voto mejor pensado- decisiones mucho más acertadas.

Frecuentemente se ven casos donde algunos se afanan por crearse una reputación (sic) de respetabilidad pero no les es posible porque la credibilidad trae consigo la responsabilidad y no puede entenderse la una sin la otra. Bien dicen por ahí que “haz fama y échate a dormir”. Y es que jugar a “pasar por listo” es un arma de doble filo, sobre todo, en estos días cuando el elector se ha vuelto mucho más crítico y no cree tan fácilmente las mentiras, falacias y engaños, ni tampoco pica el anzuelo tan dócilmente, pues cada vez más están más diestros que nunca en el peculiar arte del “sospechosismo”, enmarcado en la recomendación de que siempre que pienses equivocadamente, muy de seguro…acertarás…