“No son los candidatos muertos

los que descansan en una tumba fría.

Los reales muertos, son aquellos candidatos

que teniendo el alma muerta viven todavía” Refrán Popular.  

Muy posiblemente, el hecho de indagar sobre los orígenes del cabildeo y escudriñar los antecedentes y primigenios desarrollos del Lobby, permita –entre otras muchas cosas- encontrar algunas bases para proceder a especificar -al menos un poco- este novedoso concepto, muy útil, necesario y práctico, para todo gerente de Politing.

No faltan quienes han intentado relacionar el origen de la palabra lobby con la expresión latina lobia, con la que se designaba aquellos lugares para libaciones no permitidas, en celdas o refectorios.

A pesar de esta justificación etimológicamente viable, los antecedentes más comúnmente aceptados se remontan al siglo XVIII en el Reino Unido. Allí y en esa época, se conocían con el nombre de lobby los salones ubicados en el recinto de sesiones de la Cámara de los Comunes. Estos lugares eran frecuentados -como es lógico suponer- por los representantes de distintos y variados intereses -principalmente de índole comercial, político y laboral- quienes conversaban con los diputados -es decir, con los formuladores de políticas públicas- para obtener ciertos favores, apoyos, auxilios o prebendas o al menos que esas políticas no se formularan o implementaran en contra de sus intereses.

Otros fundamentan los principios del lobbing moderno en los Estados Unidos hacia 1929, en el Capitolio del estado de Nueva York, específicamente en Albany. Allí, a los buscadores de servicios o ayudas especiales, que asediaban el Capitolio neoyorquino se les conocía con el apelativo de lobby-agents. No faltan quienes suponen su nacimiento alrededor de 1935, precisamente con motivo de las citas, reuniones y en general con todo el proceso que se lleva a cabo en el “lobby” de Hotel Willard en la ciudad de Washington.

En todo caso, bien sea con uno u otro origen, los antecedentes anglosajones parecen ser la cuna de esta técnica, que en nuestros países latinos está surgiendo con inusitada y nada flemático desarrollo. De otra parte, es posible deducir también, que su fundamento es el hecho de dar (y recibir) información a, de o para quienes tienen capacidad de decisión.

Es interesante observar que los orígenes del cabildeo, lobby o lobbying, no fueron siempre nobles y decentes. A comienzos del siglo pasado, por ejemplo, se lamentaban de que “la corrupción ha establecido su corte en las alturas del Hudson, en Albany y allí estaba su trono: el lobby de la legislatura”, hasta el punto de que la Constitución del estado de Georgia consideró al lobby como delito.

Su definición y concepto, tampoco han sido del todo diáfanos y precisos. La misma Corte Suprema estadounidense, estableció que debe entenderse por lobbying las representaciones hechas directamente al Congreso, a sus miembros, o a sus comisiones. Posteriormente, se relacionaron con el lobbying la comunicación con miembros del Congreso sobre legislación pendiente o propuesta, excluyendo del perímetro legal, a aquellas personas y contribuciones que sólo tienen como propósito incidental la influencia en la legislación. En 1956, John Fitzgerald Kennedy decía:

«Los lobbyists son en la mayoría de los casos técnicos expertos y capaces de explicar temas complejos y difíciles de una manera clara y comprensible. Sostienen diálogos personales con miembros del Congreso en los cuales explican en detalle la razón de las posiciones que defienden […] preparan resúmenes, análisis de leyes, proyectos y memoranda para uso de los legisladores y de las comisiones. Son necesariamente maestros en sus temas y, de hecho, casi siempre proveen estadísticas útiles e información difícil de obtener. […] hablan en nombre de los varios intereses económicos, comerciales y otros de tipo funcional de esta nación, sirven a un útil propósito y han asumido un importante papel en el proceso legislativo«.

Cuando Kennedy dijo esto, la mayoría de los lobbiest representaban intereses económicos, principalmente de empresas productoras y de sindicatos. Desde la década del 60 se expandieron hacia la promoción de otras causas favorecidas por la propia participación del gobierno federal en asuntos como derechos civiles, medio ambiente, la seguridad y protección del consumidor, el cuidado de la salud y otros.

Así, el Lobby o Cabildeo era todo esfuerzo encaminado a influir en el Congreso, respecto de cualquier asunto. Más ampliamente, se puede entender como “obtener información para quien toma la iniciativa y en brindarla a quien desea ganar la causa”.

Conocer estos antecedentes ayuda a no equivocar las conclusiones como aquellas que el candidato sacó cuando comprobó que la probabilidad de tener un accidente de tráfico aumentaba con el tiempo que él pasaba en la calle y por lo tanto, aseguró que cuanto más rápido circulaba, menor era la probabilidad de que tuviera un accidente.