En una jugada política sorpresiva, el presidente Andrés Manuel, abrió en su mañanera el tema de la sucesión presidencial rumbo al 2024, quizás no midió el alcance de su provocación. O quizás sí.

Porque no terminaban de enfriarse en la mesa los nombres que exhibió Sheinbaum, Ebrard, Tatiana, Moctezuma, De la Fuente y Nahle cuando el senador morenista R. Monreal acusó su ausencia en la lista. Pero de la lista presidencial, las únicas que transitarían una candidatura de Morena serían la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y la Secretaría de Energía. Ni el Canciller, ni la Secretaría de Economía, ni el Embajador en Estados Unidos, ni el Embajador ante Naciones Unidas pasarían la prueba del jefe, de unas tribus puristas de la izquierda, que están exigiendo la postulación de uno de los suyos.

Quizá por esa razón, el fin de semana pasado, Marcelo Ebrard organizó una comida en una finca del Estado de México donde se dio lo que de inmediato fue señalada como la Cumbre de Toluca unos 150 invitados, políticos, empresarios y colaboradores del círculo íntimo del Canciller acudieron a recibir un claro mensaje de su jefe: No me den por muerto, vamos en la carrera presidencial 2024, respetando las reglas del juego.

La intención era que el acto fuera un claro respaldo al golpeteo recibido recientemente por el Canciller, a quien se le acusa de ser el responsable directo de las fallas en la construcción que colapsó la Línea 12 del Metro. Sobre todo, en los días posteriores a que, en un evento de Morena convocado en el Auditorio Nacional, los asistentes gritaron a Claudia Sheinbaum al grito de “presidenta, presidenta”. Y en contraparte,bufaron contra el presidente de Morena, Mario Delgado aliado del bloque de Marcelo Ebrard y curiosamente también implicado en las culpas por las fallas de la Línea 12.

Delgado fue quien, como secretario de Finanzas del gobierno ebrardorista, autorizó el cambio sobre las rodillas de los rodamientos neumáticos a rodamientos de acero. Un gran error Pero todavía los amigos del Canciller no hacían la digestión de su comida del sábado, cuando Claudia Sheinbaum anunció que Martí Batres sería su nuevo secretario de Gobierno en la Ciudad de México. El mensaje fue directo contra Marcelo Ebrard.

Basta desempolvar aquella historia de septiembre del 2011, cuando el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, corrió a Batres de su posición como secretario de Desarrollo Social capitalino. Ebrard se quejaba entonces que Batres tenía su agenda propia, distante de su gobierno y presumiendo que lo hacía apoyado por López Obrador.

Esa agenda incluía severas críticas de Batres al entonces presidente Felipe Calderón, en momentos en que el jefe Ebrard tendía puentes con el gobierno panista. La declaración de Ebrard sobre aquel cese de Batres fue contundente: Lo que habría que decirle a Martí Batres, es que si no está a gusto yo ya se lo dije pues no tiene nada que hacer en el gobierno le dijeron.

Batres también tocaba tambores de guerra contra su jefe Ebrard, porque su gobierno había contratado a Protego, la empresa de Pedro Aspe, para renegociar la deuda del entonces Distrito Federal. Esos dos episodios el de Calderón y el de Aspe Batres los vendió como un acto de lealtad hacia el hoy presidente López Obrador, quien ahora lo premia convirtiéndolo en el compañero de fórmula de la jefa de Gobierno rumbo al 2024.

Un intento claro de hacerle contrapeso al bloque de la mini Cumbre de Toluqueña, Sheinbaum va cuidada por el presidente López Obrador, para ser su candidata presidencial de Morena, y Batres entra a reconquistar la mitad de la capital perdida, para ganarse la posible candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de México. La pregunta es si frente a este evidente blindaje presidencial para la jefa de Gobierno, tanto Marcelo Ebrard como Ricardo Monreal se van a quedar cruzados de brazos.

Todo indica que no, a decir por la comida sabatina convocada por Ebrard y por el ruido generado por las declaraciones de Monreal, quien reclama molesto su sitio en la carrera presidencial. Y de esta nueva realidad, apenas revelada ayer, solo existen una de dos posibilidades. que el presidente López Obrador admita,públicamente, que adelantó su sucesión y que ya decidió que fueran el binomio Sheinbaum-Batres los punteros, dejando fuera a la tercia Ebrard-Monreal-Delgado.

O que Ebrard y Monreal, juntos o por separado, busquen el fichaje de su candidatura presidencial por otro partido político, que les dé cobijo cuando renieguen de los favoritismos en Morena. Para el año 2024, puede no ser mal negocio político ser anti-aMLO. Y si así lo fuere ¿no existiría la posibilidad de que el propio presidente López Obrador, esté fabricando la acción y la reacción rumbo al 2024 para jugar con dos partidos políticos,uno de izquierda pura y otro de los “apestados” de la 4T?