Hace más de una década un grupo de profesionistas regios desayunaron en El Blanquillo en Nuevo León, con el entonces candidato presidencial Andres Mnuel. Uno de los comensales de  afición filósofo le recordó al entonces candidato presidencial que los griegos tenían muy claro que (preferir a la clase alta era humillar a los pobres y que preferir a los pobres era asustar a los ricos). y cerró la reflexión diciéndole que a quienes había que acercarse era a la “clase media”, que es aspiración de la clase baja y el sostén de la clase alta. Esa máxima de los griegos no la aplicó el candidato de la entonces alianza PRD, MC y PT en la elección 2012.

Pero debió de recordarlo en el 2018, con el apoyo de personajes como Alfonso Romo, Tatiana Clouthier, Julio Scherer, y Esteban Moctezuma, entre otros el candidato de Morenista afinó su discurso incluyente. Se acercó a la clase media y como pacto de aquel compromiso, creó la frase de “Juntos Haremos Historia”. que con 33 millones de votos, y que entre 8 y 10 millones emitidos desde la clase media, Andres Manuel ganó como presidente de México.

Está claro, después de las elecciones del pasado domingo 6 de junio, esa clase media que significó entre el 25 y el 30 por ciento de sus votos en 2018 lo castigó. Le dio la espalda al presidente por el que votaron tres años antes. Sencillamente no comulgan con el radicalismo, el autoritarismo, y el discurso mañanero de sembrar odios, con un gobierno paralizado por el pasado que le rehúye al presente y cancela cualquier futuro. Y al final del día, no se sintieron identificados, más bien defraudados. El centro del desdén de esa clase media se dio en la Ciudad de México, donde un  importante número de  electores canceló su apoyo a Morena. La izquierda perdía por primera vez, desde 1997, el control de la ciudad capital.

La reacción del presidente no se hizo esperar y el presidente López Obrador, arremetió contra esa clase media capitalina que no respaldó a Morena, la que resiente el hartazgo de medios, y lee. “fue lo que sucedió, en la Ciudad de México, la gente fue víctima de un manejo informativo perverso, tendencioso, calumnioso, inmoral,y dañino”. Ese desprecio en contra de la clase media, contrastó con una exitosa reunión con las cúpulas empresariales, que el presidente sostuvo el jueves 10 en el Museo Kaluz. Para muchos de esos hombres de empresa, fue la mejor reunión sostenida en lo que va del sexenio con el mandatario, el discurso presidencial, lejos de la confrontación buscó tender puentes, reconciliar. 

Pero ese buen sabor de boca del nuevo mensaje presidencial, más sereno después de un resultado electoral “feliz, feliz, feliz”, acabó diluido en unas horas.

El viernes 11, el mandatario volvió a arremeter contra la clase media, tachando a sus integrantes de aspiracionistas, que buscan triunfar a toda costa, para salir adelante. Egoístas, les dijo. “Pero un integrante de clase media, media alta, incluso con licenciatura, con maestría, con doctorado, no es muy difícil de convencer. Es el lector del Reforma. Ese es para decirle siga usted su camino, va usted muy bien. Porque es una actitud aspiracionista, es triunfar a toda costa, salir adelante. Muy egoísta. Ah, eso sí, van a la Iglesia todos los domingos, a los templos, y confiesan y comulgan para dejar el marcador en cero. Y luego, el domingo, de nuevo lo mismo”.

En medio de su palabrería, bien haría el presidente López Obrador, en recordar aquellos años de su campaña del 2012, cuando en torno del restaurante El Blanquillo, cercano a Nuevo León, alguien le recordó que su éxito estaría en acercarse a “la clase media, que es la aspiración de la clase baja y el sostén de la clase alta”. Está claro que Lopez y su partido, Morena, se alejaron en los últimos 36 meses de esa clase media. Hoy le cobran esa factura en la urna perdiendo 10 millones de electores a su favor