En México el gobierno del presidente Obrador sigue los mismos pasos de Chávez en Venezuela quien se encumbró en el poder con el llamado “Movimiento de la Quinta República” que terminó por establecer una dictadura donde los poderes legislativo y judicial terminaron en una caricatura.

Obrador se encumbró en el poder con su llamada “Cuarta Transformación” y ha caminado campante sobre los restos mortales de Francisco I. Madero.  Obrador ha pisoteado la memoria y el legado de Madero al sepultar los ideales de Madero que dieron pauta a la Revolución con el lema del Plan de San Luis que puso fin a la dictadura de Porfirio Díaz: “Sufragio efectivo, No Reelección”.

El tabasqueño vive atrapado en el pasado. Su obsesión por Francisco y Madero es mera politiquería.

Paradoja del destino, este año los restos de Porfirio Díaz –quien ocupó el poder por más de 30 años reeligiéndose– deben ser exhumados del cementerio de Montparnasse, en París donde han permanecido desde 1915 y en todo caso repatriados a México dado que ha vencido la “perpetuidad” de 99 años. Los aliados del Partido Verde de la cuarta trasformación han solicitado a Obrador que se traigan de regreso al país los restos del dictador. Obrador dice que por su gobierno no hay problema.

Así, mientras los diputados del partido verde promueven el regreso de los restos de Porfirio Díaz, a quien los partidarios de la Revolución llamaron “El monstruo del mal, de la crueldad y de la hipocresía”, el presidente Obrador todos los días profana la tumba de Madero a quien invoca una día sí y otro también en las “mañaneras”.

Todos sabemos que Madero dio su vida por luchar contra la reelección, pero contrario al llamado “apóstol de la democracia”, el gobierno de Obrador se ha encargado de demoler el legado de Madero.

Los diputados de Morena por instrucción de su caudillo aprobaron en plena pandemia la reelección de diputados y alcaldes. Ese fue el primer paso en las ambiciones de Obrador por prolongar su mandato. La ampliación del mandato del presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar es parte de esa trama que apunta hacia el proceso electoral de 2024 para solicitar la ampliación del mandato de Obrador por otro período sexenal o un mínimo de tres años.

Zaldívar sería un ministro espurio, como lo fue Obrador cuando se proclamó como el “presidente legítimo”, desafiando al gobierno de Felipe Calderón, recordando aquél cómico zacatecano en el porfiriato, Nicolás Zúñiga y Miranda quien era conocido como “el candidato perpetuo” y quien llegó a proclamarse en el “presidente legítimo”.

Obrador se siente un clon de Madero, en la versión 2.0 del “apóstol de la democracia” al asumirse en el guardián de las elecciones.

Lo malo es que Obrador está más cercano de la reencarnación de Santa Anna, se siente el dueño del país, solamente le falta escriturar el territorio nacional como su propiedad.

Obrador es dueño del Congreso, dueño de la Suprema Corte y va por su reelección como don Porfirio. No le aunque se pase por el arco del triunfo el lema de “Sufragio Efectivo, No Reelección”.