Cierto es que alguien con facultades para ejercer el poder está en condiciones de hacer los cambios o movimientos necesarios en su equipo de trabajo para que, en teoría, su gobierno desarrolle una mejor labor, pero cuando estas modificaciones se dan con base en criterios ligados con la amistad, lealtad o reparto de cuotas, tarde o temprano se generará un problema mayúsculo.

A un gobierno se llega a administrar los recursos, coordinar diferentes tipos de acciones, ejecutar un plan de trabajo y al mismo tiempo, a mantener informados a los ciudadanos, con el propósito de crear la percepción de un gobierno cercano, que brinda resultados.

Cuando la derrota toca a la puerta de un político o partido, no le quedará más que hacerle frente, asumir las consecuencias y por supuesto, corregir las fallas en el corto plazo para mejorar su imagen y así, volver a ser competitivo en el terreno electoral.

El poder es aquella facultad o capacidad para hacer algo y en el ámbito político se manifiesta o se ejerce de distinta manera: mermado, acotado, ampliado y sobre todo, el absoluto, como el que tendrá a partir del 1 de diciembre el futuro presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Cuando una campaña política no marcha, existen dos opciones para alcanzar la victoria: unirse –de facto- con otro candidato y la segunda, poner en marcha una estrategia audaz, de lo contrario, las demás actividades o esfuerzos que hagan serán en vano.

Muchos critican la férrea defensa que hacen los seguidores del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), principalmente en las redes sociales, de los ataques, cuestionamientos u observaciones hacia su candidato, Andrés Manuel López Obrador, sin analizar a fondo el porqué de esta reacción.

El gatopardismo es un término usado en política, que resalta la necesidad de hacer cambios (simulados) con el propósito de que el sistema permanezca intacto, según lo definió el escritor italiano Giussepe Tomasi di Lampedusa en su libro titulado “El Gatopardo”.

En una elección hay tres tipos de jugadores: Participantes, revelaciones y protagonistas y son estos últimos quienes suelen liderar la competencia, pero no siempre logran sobresalir en momentos clave durante la misma, ya sea por incapacidad o la mejor estrategia de un tercero.