Cuando una campaña política no marcha, existen dos opciones para alcanzar la victoria: unirse –de facto- con otro candidato y la segunda, poner en marcha una estrategia audaz, de lo contrario, las demás actividades o esfuerzos que hagan serán en vano.

 

El 1 de julio se acerca y la posición en las encuestas de cada uno de los contendientes a la Presidencia de la República permanece sin variaciones, lo que significa que el puntero, Andrés Manuel López Obrador, va en “caballo de hacienda” rumbo a Los Pinos.

 

Los otros…

 

Mientras tanto, Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC), José Antonio Meade (PRI-PVEM-NA) y Jaime Rodríguez (independiente), continúan al acecho del morenista desde el principio de la contienda; pero lo más alarmante, ninguno de ellos ha realizado cambios para alcanzarlo.

 

En el equipo de Anaya y Meade los focos rojos se prendieron a menos de un mes para la finalización de los comicios, ambos siguen en el segundo y tercer lugar respectivamente, sin que hasta la fecha hayan elaborado un mensaje que “conecte” con la gente.

 

Campañas “equis”

 

Las campañas se han tornado grises, sin hechos relevantes. En el caso del panista, sus ruedas de prensa “mañaneras”, que tienen como objetivo posicionarlo y marcar sus temas del día en los medios de comunicación, no causan la reacción esperada.

 

A pesar de ser el aspirante con el mejor desempeño en los dos debates, el panista no capitalizó esos momentos para proyectar su imagen; empero regresó al Anaya de siempre, articulado pero monótono en sus discursos, sin frases construidas, sin emotividad y sin presencia en varias zonas del país.

 

Condenado a la derrota

 

José Antonio Meade inició la competencia con un tono moderado, sin confrontarse con sus adversarios; no obstante, los resultados fueron desastrosos para el exsecretario de Hacienda, tras lo cual, adoptó una postura más crítica, principalmente hacia AMLO, mayor desenvoltura en sus mítines y presencia en la radio y televisión.

 

El abanderado priista se encuentra en el peor de los escenarios, se sitúa a 7 puntos de Anaya y a 33 puntos de López Obrador, según la última encuesta publicada en Reforma el pasado 30 de mayo. Arrastra con un partido cuya imagen se asocia con la corrupción e ineficiencia.

 

¡Uno y ya!

 

Cada día que pasa, es un día ganado para el tabasqueño y un día menos para desbancarlo. Si Anaya y Meade desean que Morena no gane, entonces deberán aliarse –de facto-, lo que implicaría la declinación de este último a favor del panista con el fin de aglutinar todas las fuerzas “antizquierda”.

 

La segunda opción es implementar un plan audaz, combativo, diferente y sin reservas. Si Anaya quiere ganar, debe lanzar una oferta novedosa en materia económica y seguridad pública, que lo diferencie del PRI; también debe autocriticar a su partido y a los dos expresidentes, Felipe Calderón y Vicente Fox, personajes con una mala reputación.

 

Ser audaz significa “lanzarse” con todo, con un discurso más sencillo, sin tecnicismos, con mayor cercanía con la gente, con definiciones claras, sin evadir temas como la legalización de la marihuana, el aborto y los matrimonios igualitarios; sólo así, Ricardo Anaya no terminará muriendo de nada (políticamente hablando).    

 

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