A más de doce meses de confinamiento, la humanidad ha desarrollado un glosario de términos para configurar la realidad en tiempos de emergencia sanitaria. Desde neologismos como coronavírico e infodemia, extranjerismos como sanitizar y home office y algunos conceptos resignificados y traídos a primer plano como resiliencia, palabra que se presenta más como un acto de fe que como una certeza categórica.

Ante cualquier situación se entiende que las personas tienen la opción de darse por vencidas o sobreponerse a las adversidades a través de las capacidades de resiliencia. Para el Mtro. Luis Fernando Gordillo Zamora, ser resiliente “implica volver a nuestro estado natural después de pasar por situaciones críticas o inusuales”.

El experto en recursos humanos compartió con estudiantes del Departamento de Negocios de la IBERO Puebla algunas claves sobre cómo los acontecimientos de la cotidianidad conducen a aprender e identificar elementos que favorecen el equilibrio personal, aun en tiempos de incertidumbre.

La resiliencia se parece a la entereza en cuanto a que implica una capacidad de reestablecer el estado emocional tras periodos de dolor. Se trata de una cualidad que se practica y nutre desde temprana edad en momentos que obligan a las personas a afrontar sus miedos y tomar decisiones. La pandemia, observó, representa a todas aquellas situaciones inesperadas que pueden transformar los hábitos diarios

Gordillo Zamora compartió con los jóvenes universitarios ocho habilidades cuya práctica y reforzamiento diarios contribuye a generar y reforzar resiliencia individual y comunitaria:

  1. Autoconocimiento y autoestima: cada persona debe conocer cuáles serían sus formas de proceder ante diferentes situaciones con base en su temperamento, personalidad, características físicas, entre otros atributos.
  2. Empatía: el proceso de empatar las emociones con respecto a las circunstancias ajenas puede propiciar relaciones más cercanas y sanas. “En momentos de adversidad ayuda a canalizar el dolor de manera correcta y acompañar a las personas que están sufriendo”.
  3. Autonomía: se logra cuando las personas consiguen el dominio de ciertas habilidades tras haber concluido un proceso de formación y aplican los conocimientos en la toma de decisiones frente a momentos de adversidad.
  4. Enfoque positivo: la capacidad de discernir los aprendizajes entre las adversidades propias y del entorno.
  5. Conciencia de presente: la facultad de determinar que las adversidades son pasajeras, lo que contribuye a asumir las consecuencias de las situaciones negativas con madurez y sabiduría.
  6. Flexibilidad y perseverancia: el cuestionamiento permanente del sistema de creencias propio permite entender diferentes puntos de vista.
  7. Sociabilidad: compartir las adversidades con otras personas hace que las experiencias vitales se vean acompañadas por la solidaridad, la colaboración y el cuidado comunitario.
  8. Tolerancia a la incertidumbre: ser comprensivo y estar abierto a los cambios propios de la realidad en que se vive.

Bajo estas pautas, el egresado de la Universidad Jesuita exhortó a sus futuros colegas a implementar la resiliencia en sus quehaceres personales y profesionales, especialmente en tiempos que demandan la presencia de personas compasivas y comprometidas con su entorno.

A través del Simposio Primavera 2021: Desarrollo de organizaciones con resiliencia comunitaria, el Departamento de Negocios de la IBERO Puebla refuerza su compromiso por formar a jóvenes cuyas competencias en administración, gestión y desarrollo de proyectos de negocios se vean marcadas por el sentido humanista de servicio a las personas.