Manuscritos, fotografías, códices, grabaciones y obras impresas recibieron ayer en la FIL de Minería la certificación. México suma 107 y es el líder en América y séptimo lugar en el mundo

 

Nueve archivos de manuscritos, fotografías, códices, grabaciones de audio y obras impresas, que registran diferentes momentos de la historia de México, entre 1551 y 2003, recibieron este domingo la certificación como Memoria del Mundo —ocho a nivel nacional y uno a nivel regional—, por parte de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés).

 

La ceremonia de entrega de certificados, realizada en el Salón de Actos del Palacio de Minería, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se convirtió en un tejido de reflexiones poderosas sobre la importancia de preservar la memoria y lo determinante que es para la construcción de las personas y los pueblos.

 

“La memoria y el olvido no son espacios neutrales. Desde ahí se define la identidad. Son espacios donde se decide el presente y el futuro; donde se califica el triunfo y la derrota”, dijo en una de las intervenciones más elocuentes la rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana, Carmen Beatriz López Portillo Romano, en nombre de la institución que recibió el reconocimiento Memoria del Mundo por los documentos que resguarda “de y sobre Sor Juana Inés de la Cruz”, máxima poetisa de México. Ese acervo incluye manuscritos e impresos desde el siglo XVII hasta el XXI.

 

Con las nuevas certificaciones, este país ya suma 107 archivos con valor reconocido como Memoria del Mundo. De este modo, ya es el líder en el continente americano y séptimo lugar en el mundo en la lista de países con mayor cantidad de archivos valiosos protegidos.

 

Las nuevas certificaciones fueron entregadas en el marco de la edición 40 de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería a seis instituciones dueñas y custodias de esos acervos: la Universidad Iberoamericana (UIA); la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ); la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y el Archivo General de la Nación (AGN), de la Secretaría de Gobernación, del gobierno mexicano.

 

TESOROS INVALUABLES. En este racimo de acervos hay piezas invaluables y únicas: el Archivo de Comerciantes vascos de la Nueva España, entre 1757 y 1850 —el cual fue identificado y comprado por la Universidad Iberoamericana a un anticuario del mercado de La Lagunilla—; la biblioteca del abogado, periodista y líder masón del siglo XIX Ignacio Ramírez Calzada El Nigromante, custodiada por la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, del INAH; el Códice Huetamo, que fue elaborado entre 1542 y 1552, y que narra con palabras y pictogramas cómo eran los tributos que pagaban los pueblos indígenas de Michoacán a los señores gobernantes antes de la llegada de los españoles, el cual es hoy resguardado en la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero (BFXC), de la (UIA); así como el archivo de cientos de fotografías de la historia de la península de Yucatán, captadas entre 1877 y 1982, que constituyen el Fondo Pedro Guerra, que es propiedad de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

 

Cada uno de los nueve archivos mexicanos que ayer fueron reconocidos como Memoria del Mundo merece un texto independiente, pero en una primera enumeración hay que agregar, además de los cuatro ya señalados  uno de los archivos más antiguos y mejor ordenados de México. el Archivo del Antiguo Hospital de Jesús, que abarca desde 1520 (un año antes de la caída de Tenochtitlan), hasta 1925 y que actualmente resguarda el Archivo General de la Nación. También merece muchas líneas el archivo de grabaciones de voz de Radio UNAM del programa Foro de la Mujer, primer programa de radio feminista de este país, que se transmitió entre 1972 y 1986.

 

A ellos se suman los archivos del Conflicto territorial entre Culhuacán y Xochimilco (1573-1575), que resguarda la UIA; el archivo fotográfico del periódico El Heraldo de México sobre el movimiento estudiantil de 1968, que fue rescatado por la UIA de una bodega olvidada, y los archivos “De y sobre Sor Juana Inés de la Cruz”, que resguarda la UCSJ.

 

El escenario de esta entrega de certificados es un lugar singular de la capital de la República: un palacio que detiene el tiempo e invita a los visitantes a separarse de las preocupaciones sociales y personales para concentrarse en aquellos objetos que transportan ideas y sentimientos a través del tiempo: los libros, los manuscritos, los archivos.

 

Desde antes de las 10 de la mañana ya había familias formadas alrededor del Palacio de Minería para comprar sus boletos de 15 y 25 pesos. Para muchos es una visita trascendente, diferente, pues, como dijo el director de la FIL-Minería, Fernando Macotela, “hay personas que la única vez que visitan un Palacio por dentro es cuando acuden a esta Feria del Libro”.

 

Del mismo modo, para entrar a la ceremonia de entrega de certificados de la UNESCO, había fila afuera del Salón de Actos, desde las 10 de la mañana y poco a poco se fueron acomodando los visitantes en las centenarias sillas de madera negra bajo las dieciocho ventanas elípticas que permiten la entrada de la luz natural y entre las 28 columnas de estilo jónico y diez esculturas de personajes que representan a las diferentes ciencias. Al fondo, un águila, dorada, con las alas abiertas, resguarda la espalda del presídium y la tribuna.

 

“El patrimonio documental es endeble. No sólo está expuesto a los desastres naturales y los conflictos sociales. También es endeble frente al desconocimiento y al olvido”, dijo durante la apertura de la ceremonia Carlos Tejeda, coordinador de Programa Científicos y Culturales de la UNESCO en México.

 

La ceremonia fue presidida por cinco expertos de alto nivel en reconocer el valor de los archivos documentales: Claudia Salinas, Carlos Tejeda, Catherine Bloch, Yolia Tortolero y Baltazar Brito.

 

Una de las últimas intervenciones, la de Carmen Beatriz López Portillo rescató palabras de la máxima poetisa que ha dado México al mundo, para reflexionar sobre la memoria, el olvido, la verdad, la veracidad y el griterío.

 

“Las luces de la verdad/ no se oscurecen con gritos/ que su eco sabe, valiente/ sobresalir del ruido”, Sor Juana Inés de la Cruz.