La Unesco supervisará los trabajos del Minarete de Al Nuri, una muestra del esplendor de Irak

 

Durante ocho siglos fue el icono que despuntaba por cielo de la ciudad vieja de Mosul. Hace 11 meses la dinamita desvaneció su horizonte bajo una nube de polvo. Los últimos cimientos en pie de la gran mezquita de Al Nuri y el singular minarete de Al Hadba, víctima de meses de escaramuzas, afrontan ahora una incierta resurrección auspiciada por los petrodólares llegados de Emiratos Árabes Unidos con el asesoramiento de la Unesco.

 

"No es solo un monumento. Se trata de un símbolo para todos los iraquíes y especialmente para los vecinos de Nínive [la provincia del norte de Irak cuya capital es Mosul]", relata desde la segunda urbe de Irak a EL MUNDO el arqueólogo Musab Mohamed, director de antigüedades de la villa. "El recinto estaba vinculado con una larga historia repleta de acontecimientos importantes tras la conquista islámica de Mosul. Era, además, la segunda mayor mezquita del país", desliza el experto.

Fotografías: GOBIERNO DE IRAK

 

La edificación fue levantada en 1172 por Nur al Din Mahmud Zangi, el gobernador de Alepo y Mosul que unió a las tropas árabes contra los cruzados llegados de Europa. Fue él quien la mandó construir poco antes de fallecer. De la torcida existencia del minarete contiguo, el único vestigio de su construcción original, dejó constancia en el siglo XIV el gran viajero Ibn Battuta, nacido en Tánger, durante su periplo por la ciudad.

 

En junio de 2017, cuando los enfrentamientos se hallaban a unos 50 metros de la mezquita, el autodenominado Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) ejecutó su voladura. Los fotogramas captados entonces muestran el estrépito de la explosión y el complejo desmoronándose bajo la polvareda. Desde su púlpito Abu Bakr al Badgadi, el líder de la organización yihadista, había proclamado su califato a caballo de Siria e Irak a finales de junio de 2014.

 

Desde entonces, los funcionarios iraquíes han tratado de guardar un páramo plantado en un callejero carcomido por los choques. "La destrucción es inmensa. Solo queda la base del minarete, de 19 metros, y una cúpula con unos cuantos pilares", confirma Mohamed, uno de los centinelas de los restos del naufragio. El acuerdo rubricado por Irak y Emiratos Árabes Unidos permitirá renacer de las cenizas al monumento que ilustra los billetes de 10.000 dinares iraquíes y que servía de distintivo para los habitantes de la otrora "perla del norte".

 

"El proyecto de cinco años de duración no solo permitirá reconstruir la mezquita, el alminar y la infraestructura. También proporcionará esperanza a los jóvenes iraquíes. Una civilización milenaria debe ser preservada", arguyó la ministra de Cultura de Emiratos, Nura al Kaabi, en la ceremonia de firma del pacto, celebrada en las estancias del Museo Nacional de Bagdad. Abu Dabi desembolsará 50,4 millones de dólares (unos 41,2 millones de euros) para la misión de resucitar el icono.

 

"Será una restauración bajo la supervisión de la Unesco. Lo único que espero es que comience cuanto antes una vez que concluyan los trámites necesarios y todos los preparativos", comenta el responsable local de antigüedades. La tarea más acuciante es limpiar la zona de los escombros que aún se amontonan por la otrora laberíntica ciudad vieja de Mosul y documentar los restos del templo.

 

"Es un proyecto ambicioso y muy simbólico para la resurrección de Mosul e Irak", admite la representante de la Unesco en Irak, Louise Haxthausen. Una de las incógnitas de la iniciativa es la suerte del minarete, una estructura que llegó a medir 45 metros de altura y que el tiempo fue encorvandose hasta recibir el apodo de la "Pisa de Irak". En 2012, según la Unesco, tenía una inclinación de 2,5 metros sobre el eje perpendicular.

 

Superviviente hasta 2017 de los azarosos golpes que ha sufrido el país árabe, las causas de su jorobada existencia se hallan aún en zona de sombras. Unos achaques de los que algunos culpan a los vientos del noroeste que cimbrearon su esqueleto, al efecto del sol sobre las ladrillos de su lado sur o al pobre yeso empleado como argamasa.

 

Su nueva vida, tras nueve meses de escaramuzas que se cobraron miles de vidas y expulsó de sus hogares a unos 900.000 vecinos, también incluirá el remozado de unos jardines cercanos y la construcción de un memorial y un museo. "Es la mayor cooperación firmada hasta la fecha para reconstruir el patrimonio cultural", subraya la directora de la Unesco, Audrey Azoulay.