'Game Boy', el debut literario de Víctor Parkas, es una respuesta al estallido feminista que tiene tanto de rabia, autocrítica y determinación como de ternura y humor. Una crónica sobre el ocaso de las masculinidades tóxicas que se lee como la respuesta 'millennial' a la última oleada feminista. Si el futuro es esto, allá vamos.

 

A Víctor Parkas le han pasado muchas cosas últimamente: hace sólo dos meses nació su hijo, hace seis días cumplió 29 años y dos semanas después de entregar el manuscrito de su primer libro, Game Boy (Caballo de Troya), que acaba de llegar a librerías y ya va por la segunda edición, anunciaron un ERE en su trabajo, la revista online Playground, que justamente hoy comunica los despidos a la plantilla. Pese a todas estas cosas, Parkas se muestra relajado, lúcido y serenísimo, algo por lo que uno no apostaría demasiado después de leer Game Boy, donde hay frases tan llenas de furia y determinación como ésta: «Que todos los grupos de hombres merodeando por espacios públicos sean detenidos, identificados y disueltos. Que cinco tipos conjurados en un portal no puedan ser tratados de otro modo, en lo jurídico, que como es tratada una organización terrorista».

 

¿Cómo definir Game Boy? El libro es algo así como un ensayo sobre «el hombre y su deconstrucción» en estos tiempos de despertar feminista, una suerte de respuesta al reciente tsunami pro-igualdad en forma de puzle construido con distintas piezas: la pura ficción («yo nunca he tenido relaciones sexuales en el Primavera Sound», aclara Parkas), lo autobiográfico (el relato en el concierto de Ferran Palau y la posterior visita a la farmacia a por un predictor) y la honesta reflexión de un chico que hace años se las daba de feminista hasta que su novia le preguntó: «¿Pero a cuántas mujeres has entrevistado en tu vida?». «En aquel momento hice recuento mental y las podía contar con los dedos de las manos. Ahí me di cuenta de que me estaba perdiendo una parte importante del relato. Luego, cuando leí Teoría King Kong, me explotó la cabeza», recuerda Parkas.

 

Game Boy viene a rellenar ese gran vacío abierto después del #MeToo. Vacío porque, al margen del previsible backlash machista, hasta la fecha ha habido pocos discursos más o menos articulados que hayan dado respuesta a la nueva ola feminista escritos por hombres. ¿Qué piensan ellos? Parkas ha escogido la primera persona para hacerlo porque «lo que hemos aprendido en los últimos años es que una de las herramientas que más sirve a la gente para reflexionar es la confesión», ahí están el #MeToo y el #MeQueer como prueba. «Nuestras historias tienen el poder de ser una herramienta para el cambio, pero casi todos los textos sobre masculinidades estaban escritos por mujeres o por un hombre de la comunidad LGTBI», o como dice en el libro, «chicas y maricas haciendo horas extras para teorizar sobre algo que atañe al hombre, pero a lo que el hombre no piensa dedicar ni un minuto de su tiempo». «Es como si el hombre blanco hetero cis ya tuviera la faena hecha y no quisiera reflexionar sobre su masculinidad porque ya lo hacen los demás. Es demasiado cómodo», explica.

 

Parkas se arremanga y baja al fango con un libro en el que habla de todo: de las ex, del terrorismo afectivo, de Woody Allen, de los escraches feministas a Jorge Cremades y hasta de su pene: en uno de los primeros textos cuenta su operación de fimosis a los siete años. Lo hace con humor, ternura, rabia y un estilo que presagia una voz narrativa de lo más interesante, también dejando claro que no busca la palmadita fácil en la espalda porque no se considera un «aliado» interesado: «Hay cierta necesidad de desocupar la categoría del aliado feminista, sobre todo cuando hay gente que se erige como tal sólo para obtener capital simbólico, más beneficios y privilegios. No eres feminista por escribir un libro sobre feminismo, eres feminista si mientras escribes ese libro feminista limpias el baño de tu casa», dice.

 

«Quería probar si se puede ser provocador provocando a la gente adecuada, no provocando al débil o a alguien que ostente menos privilegios que yo. De momento el feedback está siendo bueno: me han hecho un hilo en Forocoches», explica disimulando cierto orgullo. Bromas aparte y antes de que los haters se abalancen sobre él, Parkas se apresura a dejar claro que sus ideas no son ninguna certeza absoluta, sino sólo eso: un puñado de ideas que presenta en un libro cuya portada, por cierto, es un dinosaurio gris recubierto de un líquido rosa chicle. «El acercamiento de una persona no feminista a una persona feminista casi siempre es el mismo: 'míralos, se ven como personas de luz y luego resulta que no lo son'. Yo lo que digo es que una persona feminista es alguien que sabe que se ha equivocado muchísimo en su vida, que sabe que se va a equivocar en el futuro, y que sabe que probablemente esté disfrutando ahora mismo de privilegios que los demás no tienen. Yo no dejo de pensar en eso: en cuáles serán las opresiones, los agravios que nos echarán en cara en el futuro, de forma necesaria», reflexiona. «Siempre seremos el javier marías de alguien», añade. Difícil resumirlo mejor.

 

Lo dice alguien que estudió en la Escac, un apasionado del cine para quien Woody Allen fue «una especie de figura paterno-afectiva», «una que te acaba fallando», y que escribe sobre los abusos del director de Bananas a Dylan Farrow. «Nadie está censurando las películas de Woody Allen», apunta. «La última sí, pero ha sido una decisión comercial de Amazon, no de una turba con antorchas. Las películas se pueden seguir viendo y es chulo poder verlas otra vez y reevaluarlas. Tendría que estar muy jodida la cosa para que no hubiéramos evolucionado ideológicamente a nivel de género desde 1977, que es cuando se estrenó Annie Hall», opina.

 

Y es que como buen millenial que es, Parkas defiende el debate crítico de masas frente a aquellos que alertan sobre el fin de la ironía y la vuelta al puritanismo. «Nos hemos acostumbrado tanto a generarnos burbujas en Twitter y unos timelines perfectos con opiniones que refuercen las nuestras que nos hemos olvidado de que la crítica era algo bueno y valioso. Nunca habíamos podido ver lo que consumimos de una manera tan poliédrica, no creo que nada esté en peligro. El único peligro que veo es que desde tribunas que siempre han ostentado el poder les moleste que otros opinen desde más abajo. Lo que nadie puede pretender es la comunicación unilateral: salir al balcón, dar el pregón y volver a casa. Poner en circulación ideas supone asumir las críticas, no decir que la gente no las ha entendido o que todo el mundo es idiota».

 

Gameboy es, en definitiva, un soplo de aire fresco en un presente que no invita demasiado al optimismo. «Parece que la única reacción que va a haber por parte de los hombres ante el auge del feminismo es ir en contra o, al menos, esa es la sensación que me da a mí. No sé cómo se está articulando la figura del aliado feminista ni nada parecido que tenga una incidencia en la realidad. Los que han conseguido el empoderamiento están en el otro bando», lamenta. «Cuando se juntan doce hombres, está claro que su preocupación no es cómo trabajar para conseguir la igualdad», concluye. Y así nos va.

Parkas y sus ideas-bomba

 

«La sección de la biblioteca dedicada el lacrimal del hombre blanco hetero no necesita más entradas. Tus devaneos sentimentales no interesan a nadie. Tu colección de discos no interesa a nadie.»

 

«Lo que sería nuevo es que lo hombres, tan ansiosos de refundarse, desistieran para alivio del resto. Que entregasen las armas y se disolvieran. Que aceptaran, no un café para todos, sino un Nuremberg con las nueve, con todas las letras. Que preparen su defensa, que la pierdan, que sólo puedan pisar la calle recurriendo a un agente de la condicional.»

 

«La idea del texto pivotaba sobre el lastre que suponía, para el feminismo, tener que estar explicando a su enemigo los porqués del conflicto.»

 

«Si el hombre es una performance, que alguien encienda las luces y active la alarma de incendios. Que alguien, por favor, nos devuelva el precio de la entrada. Que un hombre no sea otra cosa que su mano ondeando un pañuelo blanco desde el camarote, con vistas a un puerto abarrotado para despedirlo.»

 

«Un machista, a diferencia de un neoliberal, nunca asumirá que lo es.»

 

«Es como si Francia se hubiese rebrandeado en 'Nueva Francia' cuando Costa de Marfil conquistó su independencia: las 'nuevas masculinidades' no sólo se apropian de una emancipación por la que otras lucharon antes, sino que además pretenden convertir esa apropiación en algo que merezca cantares de gesta personalizados.»

 

«Según 'The New York Times', un 25% de los -los- 'millennials' en Estados Unidos consideran que invitar a una mujer que no conoces a una bebida es acoso sexual. Y lo es. Lo que habría que discernir es qué mentira se cuenta el 75% restante para seguir haciéndolo.»

 

«El bloqueo del escritor sólo puede ser del escritor, porque lo que ha bloqueado históricamente a las escritoras rara vez ha sido intangible. Las escritoras no necesitan musas: como concluyó Virginia Wolf, un cuarto propio es suficiente para que ellas se pongan a escribir.»