Se publica 'La bruja Leopoldina y otras historias reales', un cuento infantil inédito dedicado a su hija y redactado en el tiempo en el que el artista dudaba de su vocación entre escribir y dibujar

 

Miguel Delibes era un hombre muy pudoroso y un escritor altamente crítico con su obra; por ello, destruyó todos los textos que no quiso que vieran la luz después de su muerte. Incluso, la larga correspondencia con su novia y luego mujer, mantenida durante seis años, donde es posible que hubiera, según su hija, algunos poemas de circunstancias. No existe, por lo tanto, nada inédito de Miguel Delibes. O casi nada, ya que, como una anécdota, como un regalo casi infantil, su hija Elisa Delibes, presidente de la Fundación que lleva el nombre del escritor, descubrió casualmente un cuaderno de tapas de hule con cinco páginas arrancadas, en las que el joven Delibes (tenía entonces 18 años) dibujó y escribió un cuento infantil.

 

Este relato, en edición facsímil, es el que acaba de publicar Destino, su editorial de toda la vida: La bruja Leopoldina y otras historias reales. El volumen, además del inédito, incluye una serie de textos frescos, en los que el escritor habla sobre sus deportes favoritos y sobre la vida en el campo, publicados anteriormente: Mi vida al aire libre, subtitulado Memorias deportivas de un hombre sedentario y Tres pájaros de cuenta. "Algunas vivencias de Miguel Delibes están, como en todo escritor, diluidas en sus novelas, pero en estos relatos es la primera vez que habla directa y expresamente de su vida", señala su hija, quien afirma que aquí se ve al Delibes más jovial y optimista.

 

La bruja Leopolina y otras historias reales se abre con La herencia, una evocación de su padre Adolfo, de ascendencia francesa, quien le inculcó la pasión por el campo y el amor a los deportes, algo que el propio Delibes se encargó de trasmitir a sus hijos. Tras este texto casi introductorio, el narrador va recorriendo los deportes a los que dedicó atención, aunque no destacó en ninguno, como el fútbol, la bicicleta, la caza, la pesca o la alegría de andar, algo inédito en su época, como reconoce el propio Delibes. En estos textos escribe que los hombres de su generación eran más proclives al cocido, el puro y el casino, y la misma idea del campo ya les ponía completamente enfermos.

 

El cuento inédito La bruja Leopoldina ocupa 12 páginas del cuaderno de hule. Son seis ilustraciones grandes, en las que se incluye una historia rimada en pareados. «No son grandes versos», confiesa Elisa Delibes, "pero muestran que, en aquella época, mi padre se debatía entre el dibujo y la escritura. Creía que para la pintura se necesitaba una preparación técnica, mientras que en la literatura se podía ser autodidacta. Aquí se nos muestra un Delibes aprendiz de dibujante y aprendiz de escritor".

 

En el cuaderno de hule, además del cuento, se descubren dibujos a lápiz y tinta china de hombres y marineros, hechos en 1939, cuando Delibes estaba como voluntario en la Marina en San Fernando de Cádiz. De hecho, su primer trabajo en El Norte de Castilla fue como caricaturista, en 1941, bajo la firma de MAX (Miguel, Ángeles y X, su futuro hijo). Después, en 1948 ganó el Premio Nadal con La sombra del ciprés es alargada, y ahí comenzó la carrera literaria de uno de los autores españoles más leídos, ya que, como señaló su editor Emili Rosales, "prácticametne toda su obra sigue viva en ediciones generales o de bolsillo".

 

A pesar de que La bruja Leopoldina es un relato infantil, su hija recordó que su padre nunca les contó cuentos. "Entonces, no se llevaba. Además, estaba muy agobiado tratando de ganar dinero para sacar adelante a la familia. En tres años habían tenido cuatro hijos y estaba asustado por si la familia era demasiado numerosa. De hecho, su hermano tuvo 19 hijos". También señala Elisa Delibes que su padre nunca hablaba de literatura en casa.

 

Si bien,el escritor no dedicó demasiado atención a su hijos, agobiado por el dinero, sí que se mostró más accesible y condescendiente con sus nietos, y esos niños fueron un consuelo para superar la gran depresión y "la época horrible" que Miguel Delibes vivió tras la muerte de su mujer Ángeles en 1974. "Ocurrió unos meses antes de casarme", recuerda Elisa, "y mi padre no estaba preparado para una pérdida así ni para educar a tres hijos que empezaban la adolescencia".

 

Una de las grandes alegrías que se llevó Elisa Delibes fue cuando, tras la muerte de su padre, recibió muchísimas condolencias de personas que le dijeron que se habían aficionado a leer con los libros de Delibes.

 

Elisa Delibes Castro es la cuarta hija de Miguel Delibes y la presidente de la Fundación del escritor. Durante 35 años fue profesora de lengua y literatura en un instituto de un barrio difícil de Valladolid. "Durante ese tiempo jamás expliqué a mis alumnos la obra de mi padre ni me atreví a recomendarles algún libro suyo. ¡Y menos mal, con lo que está cayendo ahora! Me hubieran acusado de cualquier cosa", comentó ayer en la Biblioteca Nacional. De todos modos, señaló que los escolares están perdiendo capacidad de lectura, que hace unos años, en Segundo de Bachillerato, tenían como lectura Cinco horas con Mario. Algo que hoy resulta impensable.

Extracto del nuevo libro

 

Existió una bruja muy dañina

 

que llevaba por nombre Leopoldina.

 

Todas las noches, a eso de las doce,

 

sin oírse el más leve roce

 

-y con grandes pantuflas a la moda-

 

levantaba su vuelo con la escoba.

 

Al llegar a una casa muy hermosa

 

rodeada de rosas:

 

"¡Adentro, mi escobita! ¡Arrea!

 

¡Entra por la chimenea!".

 

De esta manera la bruja decía

 

y la escobita fiel la obedecía...