Siruela publica 'Todos los cuentos', volumen con ochenta y cuatro relatos breves de la escritora brasileña

 

"Ella tenía hipo. Y como si no bastara la claridad de las dos de la tarde, era pelirroja". De forma tan sorprendente, comienza Tentación, relato de La legión extranjera (1964), uno de los siete libros de cuentos publicados por Clarice Lispector, ahora reunidos en Todos los cuentos por Siruela.

 

Siruela ha editado este año La pasión según G.H. (1964) -la escultora que encuentra y se come una cucaracha-, quinta de sus siete novelas, y también Aprendizaje o el libro de los placeres (1969), la sexta. Tenemos al alcance, pues, una buena remesa de obras de Clarice Lispector, una escritora única, inclasificable, difícil, que provoca adicción en sus lectores por la potencia, concisión y brillo de su lenguaje, por su alta y singular exigencia estilística y formal, por la complejidad de sus mundos psicológicos y por su indagación filosófica. Cuando Lispector estuvo en Italia fue retratada -de una manera bastante convencional, por cierto- por Giorgio de Chirico y, desde luego, nadie mejor que el pintor metafísico para intentar captar el intrincado espíritu de la escritora, a la que, dicho sea de paso, acompañaba un hermoso cuerpo: era alta, un tipazo, con cejas afiladas y pómulos salientes en su rostro gatuno, con ojos verdes y labios carnosos bajo una rojiza cabellera. Una belleza.

 

Una belleza surgida de la tragedia. Nació en Ucrania, en 1920, de origen judío, después de que su abuelo fuera asesinado y su madre fuera violada por los rusos y de que su concepción estuviera planeada en la creencia de que curaría la sífilis que los violadores habían contagiado a su madre. No ocurrió así. Lispector perdió a su madre a los 9 años, cuando ella y su familia -dos hermanas más- ya había emigrado a Brasil, en 1922, huyendo de la persecución antisemita.

 

El padre hizo un esfuerzo, y tras estudiar en colegios hebreos, Clarice pudo ingresar en la facultad de Derecho. La abogacía no le interesaba, aunque trabajó un tiempo en un despacho de abogados. A los 19 años, publicó su primer cuento y perdió a su padre. Huérfana completa, se inició en el reporterismo. El periodismo, bajo distintas modalidades -cronista, reportera, columnista para mujeres, entrevistadora...-, fue la profesión de su vida, con etapas de gran fama y reconocimiento, compaginando siempre con una literatura muy personal y bien distinta.

 

1943 fue una fecha decisiva en la vida de Clarice Lispector. Publicó con 23 años su primera novela, Cerca del corazón salvaje, un gran éxito de crítica y de público, y se casó con un compañero católico de facultad que había ingresado en la carrera diplomática, Muley Gurgel Valente, con el que abandonaría Río de Janeiro ese mismo año y con el que tendría dos hijos, uno de ellos con problemas de esquizofrenia.

El periodismo fue la profesión de su vida

 

La escritora diferente a todas y a todos -se le señalan coincidencias estilísticas y temáticas con Joyce, Kafka, Beckett, Woolf y Borges- se convirtió en esposa y madre. La judía pobre e inmigrante accedió al estatus burgués de un marido diplomático, posición que le obligó a ser anfitriona de recepciones y a hacer una distinguida vida social en Nápoles, Berna y Washington. Así vivió, con puntuales retornos a Brasil, durante dieciséis años, conciliando con sus cometidos como madre amorosa y rescatando tiempo para la literatura. Uno de sus hijos la recuerda levantándose a las cuatro de la mañana para escribir con un termo de café negro hasta las siete, hora en la que le reclamaban sus obligaciones familiares y sociales. Estando en Washington, se divorció de su marido, en 1959, básicamente con el objetivo de reencontrarse consigo misma y con su querido Brasil, en el que se opondría en la calle a la dictadura de Castelo Branco.

 

Todos los cuentos lleva un prólogo de Benjamin Moser, autor de Por qué este mundo (Siruela), la más importante biografía sobre Lispector. En él, además de subrayar la influencia del misticismo judaico en la muy espiritual obra de la escritora, recoge estas reveladoras palabras de ella: "Tanto en pintura como en música y literatura, lo que llaman abstracto me parece sólo lo figurativo de una realidad más delicada y más difícil, menos visible a simple vista". Esta idea ilumina el sentido exacto de su obra literaria.

 

Clarice Lispector murió en 1977, a los 56 años, de cáncer de ovario. Su salud se había deteriorado tiempo atrás. Padecía depresiones y tomaba pastillas para dormir. En 1966, se durmió mientras fumaba un enésimo cigarrillo. Su cuarto ardió, sufrió quemaduras en todo el cuerpo, fue intervenida quirúrgicamente y hospitalizada durante varios meses. Casi perdió su mano derecha, pero siguió escribiendo hasta el final.

UNO DELANTE, PILAR ALBARRACÍN

 

La artista hace una tortilla de patata con jirones de su ropa cortados a tijeretazos, se descuelga con bata de cola por una fachada, es asediada por las calles por una banda que toca Y viva España, pinta lunares en su vestido blanco de sevillana con la sangre que brota al pincharse el cuerpo con una aguja, compone gigantescos mandalas con bragas, se fotografía con diez cuchillos clavados en su espalda ensangrentada...La exposición Que me quiten lo bailao (Tabacalera, Madrid) ofrece 60 obras de Pilar Albarracín, una categórica reflexión sobre la mujer, la tradición y lo andaluz. Impactante y desconcertante. Dramática y divertida.