La soprano valenciana se muestra fiel al espíritu del disco que acaba de publicar, 'Yo que no sé callar'

 

El título del disco parece una declaración de intenciones: Yo que no sé callar. «Son las dos cosas [risas]. El disco empieza con ese tema de Manu García y tiene que ver desde luego conmigo, que tampoco sé callar ante las cosas que veo mal», señala Emilia Onrubia, soprano valenciano con una dilatada y sobresaliente carrera profesional a sus espaldas. Nueve temas extraídos de los Caprichos Líricos Españoles de Manuel García (1775-1832), con los que la cantante demuestra el vigor de la cultura popular española, a través de unas composiciones repletas de sátira y una jovialidad extraordinaria.

 

Con José Madrid al piano y su sola voz refrescando el aire denso de la encorajinada actualidad, Yo que no sé callar es un alegato lírico fiel al espíritu de su propia autora. Espíritu revelado en la cita que encabeza su web y que corresponde a Mahatma Gandhi: «Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo». Pues eso. «Nos quejamos de todo lo exterior, pero ¿vemos lo que hay dentro de nosotros? Si quiero que las cosas de fuera cambien, primero tengo que cambiarlo en mí, porque la queja suele ser el espejo de nosotros».

 

La carga de profundidad viene precedida de una sonrisa, cuyo tono atraviesa sus comentarios y explicaciones de un disco publicado por Adalil Produccions en los estudios de grabación JR Lasala. Yo que no sé callar, para empezar, lo firma el igualmente satírico Quevedo, quien viene a decir en una de las estrofas: «Los perritos regalados que a pasteleros se llegan, si con ellos veis que juegan, ellos quedarán picados; habrá estómagos ladrados, si comen lo que comí».

 

«Todas las letras del disco son muy actuales. Contienen un mensaje de profundidad dentro del tono burlesco», afirma Onrubia. Los temas se van sucediendo hilados finamente con su voz melódica para advertirnos de lo que está en juego: «Te previenen de la propia vida, de que te la pueden pegar si no estás alerta. Y todo ello, como si no pasara nada». Al igual que fluyen sus respuestas, como si no pasara nada, mientras va desgranando la actualidad apoyándose en cada una de las nueve canciones del disco.

Tesoros de España

 

La figura de Manuel García resulta el reflejo de un trabajo que puede tener su justa continuación. «Son 36 canciones [las de los Caprichos], 24 para piano y voz y las restantes con acompañamiento de guitarra. Seleccioné las nueve que más me llamaron la atención. Me dan la chispa para seguir indagando». Y de García dice que fue uno de los grandes compositores españoles del siglo XIX, lo que da pie a otras consideraciones: «No conocemos en España muchos de los tesoros que tenemos». Aparte de ser el padre de una saga de cantantes célebres como María Malibrán, Paulina Viardot o Manuel Patricio, el compositor internacionalizó la música popular española por París, Nápoles, Londres, Nueva York o México. «Y es un hombre que nunca se cortó a la hora de expresar lo que pensaba. Él tampoco se sabía callar».

 

El malestar que Onrubia recuerda que existía durante el reinado de Fernando VII, coetáneo de Manuel García («había follones, se cerraban teatros»), piensa que sigue estando en España: «No nos relajamos». Lo dice también al hilo de la polémica desatada por el montaje de La flauta mágica en el Palau de les Arts, con pancartas alusivas a problemas sociales de actualidad. «Vi un montaje transgresor pero que iba con el libreto. A algunos abonados igual les pareció mal, aunque yo entiendo que lo que nunca puede fallar es la calidad en la interpretación, y era buena, al igual que la puesta en escena, que era muy ingeniosa. Estamos haciendo política de la cultura y no hay que ir por ahí. Lo estamos politizando todo». Y añade: «Estamos muy cabreados y nos tenemos que relajar».

Relaciones

 

El tono burlesco de Yo que no sé callar contribuye a ello. También la manera en que se narran líricamente las relaciones entre el hombre y el mujer, otro asunto que levanta pasiones. Desde su primera producción de ópera, María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla, a Villa Puccini o La Traviata, por citar algunos ejemplos, Emilia Onrubia siempre ha puesto el foco en la mujer. «La mujer me atrae no desde la igualdad, que doy por supuesta desde el punto de vista de los derechos, sino desde la autonomía y la fuerza femenina, porque de lo contrario nos estamos rebajando las propias mujeres. Primero nos tenemos que valorar, reconociendo que somos diferentes a los hombres».

 

Del panorama de la música en Valencia dice que da «un poco de miedo». Y coge aire. «A ver cómo lo digo. Se está pujando por sacar la música del Palau de les Arts a la calle. Y sacarla está bien, pero mucho mejor es que el público de la calle acuda a los escenarios de ópera y de música clásica en general, que todos tengan acceso a escuchar y producir buena música. La política debería ir en esa dirección, que eso sea normal». Y puestos a no callarse ante las cosas que ve mal, destaca esta otra: «Hemos pasado de la vara al todo vale. Y tampoco es eso. Andamos siempre con las cabezas agachadas mirando el móvil y no sabemos ya caminar, pasear y ver lo que ocurre a nuestro alrededor. Son pistas de que algo no funciona».