Se han encontrado 27 ejemplares, entre águilas, lobos, pumas y un jaguar, durante los estudios de 201 entierros, cuya riqueza se extiende a minerales y plantas, añade el arqueólogo.

 

Doce águilas reales, siete lobos, siete pumas y un jaguar son parte de los 27 animales que los mexicas enterraron con ornamentos como cascabeles de oro, orejeras y collares de piedra verde, y que los investigadores del Proyecto Templo Mayor, dirigido por el arqueólogo Leonardo López Luján, han hallado a lo largo de 40 años de trabajo.

 

“El Proyecto Templo Mayor ha tenido como una de sus principales misiones el estudio de los depósitos rituales entregados entre los siglos XIV y XVI en edificios religiosos y plazas del recinto sagrado de Tenochtitlan. Hasta el día de hoy, hemos explorado 201 de estos depósitos, lo que nos ha hecho constatar no sólo su excepcional riqueza sino una diversidad de minerales, plantas y animales”, señaló López Luján durante el primer día de actividades del coloquio Los animales y el recinto sagrado de Tenochtitlan, celebrado ayer en El Colegio Nacional.

 

La intención de los mexicas al vestir a los animales, explicó el también investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fue construir cosmogramas, o bien, modelos en miniatura para recrear las ideas imperantes sobre la estructura y funcionamiento del Universo.

 

 “Como resultado de nuestras más recientes investigaciones hemos detectado 27 animales con ornamentos e insignias, éstos pertenecen a sólo cuatro de las más de 500 especies identificadas hasta ahora por los biólogos en las ruinas de Tenochtitlan”, dijo.

 

Ese corpus de animales se reduce a: 12 águilas reales, siete lobos, siete pumas y un jaguar, los cuales fueron sepultados en 18 de las 201 ofrendas excavadas.

 

“Dichas ofrendas se encontraron en contextos temporales que abarcan un periodo de 80 años, comprendido entre 1440 a 1520 d.C. De ésas, 14 se hallaron en el Templo Mayor y en la plaza ubicada al pie de la pirámide, en tanto que las restantes se distribuían en los edificios (aledaños)”, comentó López Luján.

 

Los ornamentos como ajorcas, sartales pectorales, collares, narigueras y orejeras fueron hechos de oro, cobre, piedras metamórficas verdes, turquesa, pedernal, caracol, concha y madera.

 

“Las ajorcas son los más comunes en nuestro corpus y fueron confeccionados con cascabeles en torno a las extremidades inferiores de 12 águilas y en las extremidades posteriores de cuatro lobos y cuatro pumas. De esos 20 individuos, 18 tenían ajorcas de cobre y sólo dos de oro”, señaló.

 

López Luján detalló que los cascabeles eran de uso exclusivo de los gobernantes mexicas y militares de alto rango ya que se apreciaba la musicalidad que emitían por simular el sonido del trueno, la lluvia y el crótalo de ofidios.

 

“Eso los vinculaba con la fertilidad y regeneración, además se supone que al sonar ahuyentaban las influencias malignas y en las contiendas bélicas protegían a los guerreros”, apuntó.

 

El otro accesorio que portaron estos animales ataviados fueron los sartales hechos con caracoles y que cumplían la función de pendientes, mismos que hallaron en la cintura de cinco lobos, tres pumas y un jaguar.

 

“También se registraron tres pares de cilindros de madera, uno con mosaico de turquesa, tres collares de cuentas de piedra verde y tres orejeras o nariguera de concha u oro, éstos siempre se asociaban a los lobos”, añadió.

 

Además, el arqueólogo destacó los artefactos hallados en el hocico de grandes mamíferos.

 

“Debemos agrupar los artefactos hallados en el interior de las fauces de unos animales, nos referimos a los cuchillos sacrificiales de pedernal que tenían en la boca un puma y un lobo, así como una cuenta de piedra verde que otro puma aprisionaba con sus colmillos”, detalló.

 

Los cuchillos de sacrificio y la gran cuenta, comentó López Luján, aluden a la guerra y sacrificio humano.

 

“En la plástica mexica varios llevan en la boca cuchillos a manera de colmillos o de lengua. Nos referimos a Tlaltecuhtli, Mictlantecuhtli, Xólotl y a numerosas esculturas de serpientes emplumadas. Podrían significar que son seres temibles, que muerden y se asocian a las ideas de sacrificio y muerte”.

 

Sobre la piedra verde, dijo, en varios contextos simboliza el corazón humano, “nos hace recordar una lámina del Códice Vaticano A, en donde se dibujó a una fiera comiendo un corazón y que corresponde al penúltimo piso del inframundo”.

 

BANQUETE. Durante el primer día del coloquio también expuso la bióloga Norma Valentín Maldonado sobre los vestigios de un banquete en Templo Mayor.

 

“Se estudiaron 1855 restos óseos procedentes de la Ofrenda 1, ubicada en Moneda casi esquina con Licenciado Primo Verdad que estaban en una jamba del juego de pelota, en un contenedor de piedra de 60 centímetros de ancho por 40 de largo y 50 centímetros de alto”, apuntó.

 

Ahí, los expertos hallaron restos de anfibios, ajolotes, ranas, lagartijas, patos, guajolotes, conejos, perros y venados.

 

“Podemos deducir que se trata de un basurero ritual en donde se depositaron los residuos de un gran banquete y en el que calculamos una cantidad de carne para el consumo de 600 personas. También encontramos restos óseos humanos, falanges de pies y manos, que fueron consumidos”, destacó.


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