En el pecio hallado en el arrecife Alacranes, los investigadores del INAH recuperaron una colección de orfebrería de oro, plata y gemas, entre otros · El arqueólogo Roberto Junco Sánchez relata algunos detalles del pecio.

 

El hallazgo que permitió a los arqueólogos mexicanos un primer acercamiento a un barco de carga con joyería virreinal, cumple 10 años de vida. Se trata del pecio Ancla Macuca, navío del siglo XVIII que sucumbió ante las corrientes y geografía marítima del arrecife Alacranes en la Península de Yucatán.

 

En entrevista, Roberto Junco Sánchez, arqueólogo y subdirector de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), platica que, en 2014, la investigadora Helena Barba-Meinecke lo invitó a hacer prospección con magnetómetro portátil en ese sitio y después de localizar un ancla y un cañón, su curiosidad lo llevó a bucear encontrando así dos monedas y una cuenta de oro.

 

“En 2015 comenzamos la exploración de manera formal en ese sitio que denominamos Ancla Macuca por las macuquinas (monedas) localizadas en 2014. Recuperamos esmeraldas y objetos de oro que al final terminaron siendo 72 esmeraldas, 400 piezas de oro, algunos diamantes y amatistas, así como objetos de coral que con análisis posteriores supimos que eran de concha”, narra.

 

El arqueólogo afirma que las joyas pertenecen a la segunda mitad del siglo XVIII y por el lugar donde quedó el barco, su destino era el puerto de Veracruz.

 

“Arrecife Alacranes es un punto estratégico de entrada al Golfo, sabemos que este barco estaba entrando hacia el Golfo de México e iba probablemente hacia Veracruz porque se arma un canal entre la costa de Yucatán, Cabo Catoche, Cuba y Cabo San Antonio, y por ahí pasaban todos los barcos que ingresaban al Golfo de México desde el siglo XVI”, destaca Junco Sánchez.

 

Por ello, los investigadores del INAH deducen que este navío iba rumbo a la Nueva España y que los objetos hallados eran parte de un ajuar de un cargamento comercial.

 

“Lo sabemos por la gran cantidad de algunos objetos, es decir, una persona no tendría una veintena de mondadientes; éstos se colgaban al pecho y servían para limpiar los dientes, algo propio de la gente de élite de la época. Gracias a ese tipo de evidencias sabemos que era un cargamento comercial”, indica Junco Sánchez.

 

A los expertos les llamó la atención la presencia de objetos de oro y esmeraldas, por lo que indagaron dónde se producían dichos minerales preciosos.

 

“Si nos colocamos en esa época, el lugar donde se producía todo eso era Colombia, en el virreinato de la Nueva Granada que desde el siglo XVI era famoso por sus minas de esmeraldas y debido al gran número de este material y de oro suponemos que provenían de ahí”, señala.

 

Junco Sánchez agrega que el barco localizado hace 10 años pudo haber salido de Cartagena de Indias (Colombia) o de la Feria de Portobelo en lo que actualmente es Panamá y donde se realizaba una feria comercial importante entre España y sus virreinatos. Sin duda, afirma, era un barco que tenía como rumbo la Nueva España y zarpó de la parte baja de El Caribe.

 

AMOR VIRREINAL

Durante los trabajos arqueológicos realizados en el pecio Ancla Macuca, los investigadores del INAH recuperaron una colección de orfebrería de oro, plata y gemas, así como de numismática (monedas macuquinas de plata) y elementos de la vida cotidiana (hebillas y dos piezas pertenecientes a un sistema de pesas de bronce).

 

Asimismo, identificaron un centenar de objetos de hierro (cañones y ancla), plomo (escandallo, lámina y balas para mosquete), así como de cobre y cobre aleado (láminas, clavos y pernos)

 

“Encontramos anillos, algunos de ellos muy interesantes porque se relacionan con el amor ya que tienen corazones y nos remiten a las actividades amorosas de la gente de esa época, es decir, ya había el concepto del anillo como símbolo del amor, incluso hay uno que tiene un perrito representando la fidelidad”, destaca Junco Sánchez.

 

Los objetos hallados, refiere el arqueólogo, hablan de la vida durante la Nueva España en temas románticos, litúrgicos y religiosos.

 

“Hay muchos fragmentos de rosarios que tienen plaquitas donde están plasmados santos y vírgenes; es toda esta religiosidad de la gente de las élites porque son objetos suntuosos hechos con oro y cuentas que parecen de coral rosa pero que son de concha. Otros objetos son adornos que tienen cruces. Es decir, vemos un ejemplo de lo que era la joyería de la Nueva España durante el siglo XVIII”, detalla Junco Sánchez.

 

–¿Cuáles eran las dimensiones del barco?

No era un barco grande porque los cañones que hemos encontrado ahí son pequeños, entonces con eso también sabemos que estamos hablando, muy probablemente, de un barco de comercio, no uno de estos galeones de bandera sino que era uno pequeño que hacía una ruta comercial.

 

–¿Qué líneas de investigación siguen pendientes?

Tenemos que estudiar la numismática porque hay una gran cantidad de monedas que todavía están pendientes de ser analizadas a fondo.

 

Además, hay un trabajo que llevamos haciendo desde hace tiempo que es bastante complicado y se trata de las pinturas de la época, queremos identificar en estas obras de arte la representación de los objetos hallados, para verlos en el contexto de cómo se usaban.

 

Por ejemplo, los mondadientes aparecen en algunas pinturas, en una cadena de oro colgada que era visible, en fin, todo ese tipo de detalles continúan.

 

Finalmente, Junco Sánchez explica que los objetos del pecio Ancla Macuca deben empatarse con otras colecciones de diversos museos.

 

“Es curioso, no hay tanta joyería que haya sobrevivido el paso del tiempo porque en épocas de crisis acababa fundiéndose, reutilizándose en nuevos estilos. Es muy interesante esta colección porque hay muchos objetos de los cuales se conocía poco, ahí es donde se agrega un valor importante. No se parará de estudiar estos objetos”, enfatiza.

 

EXPOSICIÓN.

Los vestigios del cargamento del pecio Ancla Macuca se exhiben en una de las salas del Museo de Arqueología Subacuática, ubicado en Campeche. De acuerdo con la página del recinto, es una colección de 211 piezas de oro, esmeraldas, amatista, un rubí, y coral rojo.

 

“Este descubrimiento hace 10 años fue la primera vez que los arqueólogos subacuáticos mexicanos habíamos localizado en aguas mexicanas un tipo de cargamento de estas características, de piezas de oro, de monedas virreinales, ése es el mérito de la colección, que les ganamos a los cazatesoros y que no negociamos con ellos porque si no en el museo tendríamos la mitad de las piezas”, indica el arqueólogo.

 

A partir del miércoles 19 de junio, una muestra de esta joyería virreinal será expuesta en el Museo de El Carmen, ubicado en Ciudad de México (Revolución 4 y 6, colonia. San Ángel, alcaldía Álvaro Obregón), en la exhibición Virreinato entre mares.