ADIÓS. Vicente Rojo configuró un prisma artístico durante más de 80 años que corrió por la pintura, escultura, gráfica y la edición de libros. Su obra cambió las concepciones estéticas en México. “Él era generoso en todo lo que se le solicitaba. Eso hace de él un humano inmenso e irrepetible. Lo vamos a extrañar”, dice Arnoldo Kraus

 

El prisma artístico de Vicente Rojo Almazán (1932-2021) es parte del gran corpus estético de la plástica, el diseño gráfico y la edición de libros, pero también el espejo del hombre gentil, sabio, amigo, generoso y, sobre todo, comprometido con su tiempo, espacio e historia. Su partida cierra una era en la plástica no sólo de México, sino del mundo.

 

Vicente estaba apegado a su historia, su familia y orígenes y en su obra lo reflejó en 2019, cuando concibe las piezas para la exposición 80 años después. El cuaderno de viaje de Francisco Rojo Lluch en el vapor Ipanema. Burdeos-Veracruz, junio-julio de 1939, que se inauguró el 15 de agosto de ese año en El Colegio Nacional.

 

Pero estas obras, como todas sus esculturas, pinturas, gráficas y portadas de libros como Cien años de soledad y Batallas en el desierto, son el espejo de un artista que conmovió, cambió y sobre todo formó con el paso del tiempo, desde 1949 cuando tenía 17 años y llegó a México como parte del exilio español, un corpus estético cuya influencia perdura.

 

Fueron más de 80 años los que vivió en México y fue cercano a Tamayo, los vemos en el manejo del color; se alejó de los cánones estéticos de la Escuela Mexicana de Pintura; fundador de la Generación de la Ruptura con José Luis Cuevas, y Manuel Felguérez, por citar algunos; gran maestro del abstraccionismo…, y todo un camino desde 1958 cuando expone por primera vez. Más de ocho décadas que lo convirtieron en uno de los ejes por donde transitaba la plástica moderna mexicana. Pero hay algo fundamental, la obra de Rojo ilustra perfectamente uno de los principios fundamentales del arte: cómo hacer mucho con poco.

 

Una larga carrera creativa cuyas dos últimas obras que hizo el artista para la Ciudad de México, están en el Museo Kaluz, en Avenida Hidalgo y Paseo de la Reforma, y en el Monte de Piedad.

 

Vicente cumplió el pasado lunes 89 años y en un homenaje que le hizo la SHCP; a través de un video, dice: “Todo lo que he hecho ha sido ayudarme por la vida, ayudarme por mi vida, por mi manera de vivir. Supongo que ya a mi edad la muerte puede andar por ahí, pero no me preocupa”.

 

INÉDITO. Vicente fue una figura querida, un amigo entrañable para muchos, como para Arnoldo Kraus, médico y escritor, y quien atendió los problemas cardíacos de Vicente Rojo, padecimiento que le provocó la muerte. En entrevista, Kraus señala que su amigo concluyó el libro Apología de la morada, que en los próximos meses editará Sexto Piso.

 

“Acabamos cinco Apologías y recientemente la sexta se terminó, ahora se editará en ausencia de Vicente, se llama Apología de la morada. Vicente no tenía nueve décadas de vida, era más joven por su ímpetu, por su deseo, pasión y entrega absoluta al mundo de las ideas. Me había sugerido hacer una apología del periódico, le gustaba esa idea porque decía que toda su vida tenía periódicos entre manos”, compartió.

 

Kraus no olvidará la infinita humildad de Rojo. “Él era generoso en todo lo que se le solicitaba. Eso hace de él un humano inmenso e irrepetible. Lo vamos a extrañar”.

 

“No he conocido a nadie con tan grandes saberes, tan gran arte y tan posicionado en el mundo de la cultura de México y el extranjero que haya tenido la humildad que tuvo Vicente, esa combinación de tanta sabiduría manifestada por arte y también en lecturas infinitas es raro que tenga una comunión extensa con una humildad tan impresionante como Vicente”, dijo.

 

Esa sabiduría se explica en lo que Vicente pensaba de la eternidad. Para él era el brillo de las estrellas porque en ésta miraba colores tan vivos que lo esperanzaban de que los humanos un día serían mejores personas. En el plano terrenal, a Vicente le hubiera gustado que los políticos miraran la realidad del país.

 

“Tengo una fijación con las estrellas, con ese brillo que se mantiene ahí, es decir, cuando esos colores que se emiten, se pueden ver y son vivísimos. Nos aseguran una eternidad. No sé cómo, pero la brillantez y el movimiento del polvo me hace sentir que el mundo continuará, que los seres humanos continuarán esperando que sean mejores que los actuales”, declaró en una ocasión a Crónica.

 

Su capacidad intelectual era sinónimo de su polifacética vida artística. Fue fundador de la Generación de la Ruptura, que irrumpió y transformó el arte en México; parte central de publicaciones culturales como México en la Cultura, Revista de la Universidad y Ediciones Era. Esta trayectoria será recordada con una exposición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno, que será parte de su homenaje nacional.

 

DESEMPOLVAR. “De forma privada me gustaría quitarle el polvo a los políticos, desempolvarlos, a ver si se enteran en dónde están”, expresó el artista que nació el 15 de marzo de 1932 en Barcelona, España, donde realizó sus primeros estudios de escultura y cerámica.

 

En el país se inscribió en la Escuela de Artes Plásticas, la cual abandonó para trabajar como asistente del pintor Miguel Prieto en la oficina de Ediciones del INBA. Más tarde, Fernando Benítez lo integró al suplemento México en la Cultura, donde iniciaría su trayectoria como diseñador gráfico ya que trabajó en la Imprenta Madero y en la Revista de la Universidad de México.

 

Fue fundador de suplementos culturales y casas editoras como Ediciones Era, donde Rojo fue uno de los primeros lectores de Aura, La noche, Narda o el verano, La obediencia nocturna, Días de guardar y El apando. A partir de 1980 comenzó a alternar la pintura con la escultura.

 

Entre las últimas creaciones que realizó Rojo destaca Versión celeste, vitral iluminado en el Monte de Piedad, primera vez que el artista trabajó con un vitral y en donde buscó crear una bóveda celeste de colores tenues con un movimiento sutil con patrones geométricos.

 

Otras de sus últimas obras fueron el jardín urbano del Museo Kaluz de Arte Mexicano y el Memorial de Octavio Paz, que consiste en dos esculturas ubicadas en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

 

Algunos de los reconocimientos que obtuvo son el Premio Nacional de Ciencias y Artes (México,1991), el Premio México de Diseño (1991) y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes (España, 1993). En 1992, la Asociación Internacional Icograda lo distinguió con el Premio de Excelencia en Diseño Gráfico. Al año siguiente fue designado Creador Emérito por el Sistema Nacional de Creadores de Arte, y en 1994, miembro de El Colegio Nacional. En 1998, la UNAM le confirió el doctorado honoris causa.

 

LABOR EDITORAL. Vicente Rojo fue un artista que buscó el silencio como el lugar donde podría ocurrir su trabajo, pero del otro lado estaba “el gran operador”, expresó el doctor en historia y teoría de arte, Cuauhtémoc Medina, quien aseguró que no ha existido un creador visual tan importante como Vicente Rojo que “hizo que su mano y su ojo definieran la cultura mexicana moderna”.

 

“Prácticamente el conjunto de las publicaciones culturales, tanto independientes como institucionales, de 1955 hasta principios de los 90, estuvieron marcadas por el diseño editorial, la inventiva visual, la capacidad de generar collages y las decisiones topográficas de Vicente Rojo, para no ir muy lejos, Carlos Monsiváis no hubiera publicado libros si no los hubiera armado Vicente Rojo”.

 

“Su trabajo estaba marcado por la seriedad de alguien que había vivido el proceso de renacer en otro mundo, la humildad de una persona que nunca se sacudió de todo la sorpresa de ser parte de un mundo cultural de un modo tan activo y el asombro que él tenía por este país, por su tradición intelectual, literaria y visual por el hecho de haber hablado y trabajado con una verdadera colección de luminarias, pues fue el compañero de trabajo de Fernando Benítez, de José Emilio Pacheco, de Sergio Pitol y de Monsiváis, entre otros”.

 

GEOMETRISTA. Vicente Rojo fue, además, un gran diseñador, alguien que en su propuesta artística supo incorporar el diseño de gran calado a la obra pictórica y uno de los más importantes geometristas mexicanos, explicó el investigador del Centro Nacional de Investigación de Artes Plásticas del INBA, Luis Rius Caso.

 

“Vicente Rojo unió una paciencia y un rigor muy especial con una importante creatividad pues era alguien que, a pesar de trabajar líneas rectas y propuestas geométricas, también incorporó la facultad de la fantasía. Era alguien que imaginaba y utilizaba mucho la imaginación creadora dentro de los códigos geometristas. Este rigor, aunado a esta capacidad creadora es algo que lo distingue mucho”.

 

Varias de sus series, agregó, se adelantaron a ciertos conceptos que son de la filosofía, pero que luego vimos aplicados al arte como el de diferencia y repetición, concepto deleuziano que es muy frecuente en el arte contemporáneo. “Rojo trabajó este concepto desde sus series como México bajo la lluvia, todo se repite, pero todo es diferente a la vez. En este sentido, puso atención a la diferencia y la repetición de temas y fórmulas estéticas y formales”.

 

EXILIO. Vicente fue un extraordinario artista, pintor, escultor, diseñador gráfico y creador de periódicos y revistas muy importantes en el México de la segunda mitad del siglo XX. Fue un diseñador de portadas extraordinarias y un compañero en El Colegio Nacional donde pude confirmar que era una gratísima persona, muy comprometido políticamente pero sin estridencias, tenía una enorme solidaridad con las mejores causas sociales”, expresó el historiador Javier Garciadiego.

 

El también presidente de la Academia Mexicana de la Historia (AMH) comentó que hace un año, Vicente Rojo le pidió escribir un ensayo para un libro sobre el viaje de su padre a México, en el exilio español en 1939.