HALLAZGO. Las misivas serán leídas hoy en el ciclo de Lecturas estatutarias de la Academia Mexicana de la Lengua / Están fechadas a partir del 9 de junio de 1916, dice Adolfo Castañón

 

En el México de 1916 existía un gran apetito de construcción social y modernidad, el cual quedó entre las páginas del proyecto editorial Cvltvra, dirigido por Agustín Loera y Chávez y Julio Torri de 1916 a 1923, y del que Julio Torri escribió en algunas cartas que dirigió al intelectual, filósofo y crítico dominicano, Pedro Henríquez Ureña, señaló en entrevista Adolfo Castañón.

 

Estas cartas fueron reunidas y editadas por el investigador Serge Zaïtzeff. No obstante, el poeta, ensayista y crítico literario encontró cinco cartas inéditas en el Archivo General de la Nación de Santo Domingo, de las cuales dará lectura hoy a las 13:00 horas en el ciclo de Lecturas estatutarias de la Academia Mexicana de la Lengua, transmitido por su página de Facebook.

 

“El hecho de que haya más cartas de las que publicaron, nos hacen pensar que podría haber más cartas de otros autores y, en ese sentido, siempre hay canteras por explorar en el ámbito de la cultura y una necesidad de estar actualizando constantemente los instrumentos del conocimiento que son los libros, las cartas, los diccionarios y la historia de la literatura, etcétera”.

 

Las cartas, añadió, están fechadas desde el 9 de junio de 1916, un año antes de que se promulgue la Constitución de 1917 y en un México azotado por la violencia, “donde hay un grupito de amigos, a quienes nadie les pidió nada, que deciden hacer una especie de museo de la letra universal contemporánea que tiene que ver con la educación”.

 

“Es enormemente estremecedor darse cuenta de que México estaba más vivo de lo que nos imaginamos, en ese momento estaban luchando centímetro por centímetro por la legibilidad, lo legible. Eso se siente en estas cartas: un celo por hacer las cosas bien y un celo de la educación”.

 

Por ejemplo, explicó, en una de misivas Julio Torri habla de su experiencia dando clases a señoritas como Margarita Quijano y nos hace ver cómo era la educación en ese momento, donde había una presencia femenina y un gran apetito de conocimiento.

 

“Es una lección, para cualquiera, asomarse a este universo a través de las cartas que son como puentes entre el pasado y el presente, porque eso que están contando es, en cierto modo, nuestra propia realidad; estamos todavía desvelados por una mejor manera de llegar a una educación, a una construcción social y a una habitabilidad del mundo, lo mismo que está en juego en estas cartas es eso”.

 

En estas cinco cartas, los intelectuales están hablando todo el tiempo de estos pequeños libritos de Cvltvra que “para ellos eran no sólo el pan, sino el agua necesaria para poder sobrevivir en el mundo contemporáneo de aquella época”.

 

“Ahí se publicaron autores como Charles Lamb, Robert Louis Stevenson, Walter Pater, Oscar Wilde, Juan Ramón Jiménez, Manuel Gutiérrez Nájera, Ramón López Velarde y José Vasconcelos, entre otros. Esta iniciativa editorial se hizo hace más de un siglo, en plena efervescencia de la revolución mexicana y fue una tarea que tuvo no poco de heroico ni difícil”.

 

¿Por qué son interesantes?, cuestionó. “Porque Julio Torri es una persona interesante, ocurrente, chismosa, traviesa, dicharachera, culta, graciosa y estas cartas están escritas indudablemente para ser compartidas, lo cual lleva inmediatamente a una consideración distinta: en aquel momento las cartas era la única forma que tenían las personas para intercambiar noticias, pero también las colectividades”.