'Nuestra parte de noche' sucede en el palmarés del premio de Anagrama a 'Lectura fácil', de Cristina Morales.

 

Un road trip desde Buenos Aires hasta las cataratas de Iguazú en los años de la Junta Militar. Y la compleja relación entre un padre y un hijo que va a seguir un destino heredado:convertirse en médium de una sociedad secreta. Terroríficos rituales para comunicarse con dioses ancestrales, el underground de Buenos Aires en los 80 y 90, el misterio de la selva en la frontera brasileña, la violencia del poder... Son algunos de los ingredientes de la monumental Nuestra parte de noche, que le ha valido a la escritora argentina Mariana Enríquez el Premio Herralde de Novela, imponiéndose a otros 680 manuscritos.Enríquez sucede así a la granadina Cristina Morales, que ganó en 2018 el galardón de Anagrama -dotado con 18.000 euros- con Lectura fácil, todo un fenómeno que tras alzarse con el Premio Nacional de Narrativa ya tiene una lista de espera de cinco semanas en las bibliotecas de Madrid y Barcelona.

 

Nuestra parte de noche es una novela de más de 600 páginas que transgrede los límites estrictos de la fantasía y el terror. «A pesar de ser desmesurada, en realidad es una novela muy personal. Tiene todas mis obsesiones. Lo cual delata que son muchas», ha reconocido Enríquez tras conocerse el fallo. Y ella misma resume esas obsesiones en preguntas: «Hay una pregunta sobre la política y el poder... Una pregunta sobre qué significa la familia. Una pregunta sobre qué es América Latina y la explotación de los cuerpos...».

 

Preguntas que responde a través del género fantástico, en la senda de su anterior antología de cuentos de terror Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016). «La imaginación, la ficción, es una de las mejores maneras para pensarnos a nosotros mismos», reivindica Enríquez. Y añade:«Ésta es una novela de género, no alegórica. La brutalidad de los rituales tiene un sentido dentro de lo que creen los personajes ¿Se puede establecer una mirada política sobre lo despiadado que puede ser el poder? Por supuesto, de eso se trata».

 

Aunque hay varias novelas dentro de la novela -e incluso un extenso falso reportaje periodístico-, el arco argumental es el viaje de padre e hijo, a la sombra de la Orden, la sociedad secreta que trata de contactar con la Oscuridad en busca de la vida eterna. «Quería tratar temas como la herencia. ¿Es una condena? ¿O se puede cortar y escribir una nueva historia. Tampoco quería hacer un tratado de magia enochiana [basada en la evocación de espíritus y los textos del siglo XV Ide John Dee y Edward Kelley]. Es una novela oscura, sí. Pero también divertida», admite Enríquez, que evoca esa «tensión eléctrica» del género fantástico. Un fantástico que entremezcla con la realidad de los últimos años de la dictadura militar. «Elegí unos años que no eran muy icónicos porque a veces el momento histórico puede arrastrar la novela. El contexto y todo lo que pasa, a los personajes y al país, es terrible», reconoce la autora.

 

Para el escritor Juan Pablo Villalobos -miembro del jurado junto a la editora Silvia Sesé, el librero Lluís Morral, Gonzalo Pontón y Marta Sanz- Nuestra parte de la noche se enmarca «en la tradición de lo que podríamos denominar La Gran Novela Latinoamericana». Enríquez reconoce «influencias e híbridos» de Borges (aunque lo toma a la manera de Alan Moore y Neil Gaiman), Ernesto Sabato y su mítica Sobre héroes y tumbas, Elio Quiroga (y su «manera de enfrentar al hombre con la naturaleza», apunta), de C. E. Feiling y sus cuentos de terror en un Buenos Aires más contemporáneo... Pero el título de la novela -aún sin fecha de publicación, aunque será este otoño- es un homenaje a un verso de Emily Dickinson, libremente traducido por Enríquez: Our share of night.