El Palacio de Gaviria, en pleno centro turístico de Madrid, acoge hasta abril del año que viene una exposición dedicada al prolífico clan neerlandés y a la escuela flamenca, por la que también asoma Rubens

 

Alrededor del año 1637, la economía de los Países Bajos se vio inmersa en uno de los fenómenos más estrambóticamente singulares de la Edad Moderna. Conocida posteriormente como tulipomanía, se trata del proceso de inflación económica y burbuja de precios de los bulbos del tulipán en toda el noroeste del viejo continente. Gracias a las expediciones de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, una sola semilla llegó a venderse por el equivalente a casi medio año de trigo.

 

Teniendo su origen en el buen nombre de la flor entre la burguesía, la tulipomanía fue leitmotiv obvio de la escuela flamenca y así se materializó en numerosos bodegones florales, que además servían para tratar el paso del tiempo y la vanidad.

 

La anécdota, aparentemente banal, ahora sirve para explicar un salón entero del madrileño Palacio de Gaviria, espacio que acoge hasta abril de 2020 la nueva exposición Brueghel, maravillas del arte flamenco. La sala, que se dedica por completo a esta clase de bodegón, presenta hasta una decena de cuadros florales cuya autoría se reparten entre Jan Brueghel "el joven", "el viejo" y Pedro Pablo Rubens.

 

Según el comisario de la exhibición, Sergio Gaddi, el tópico se explica, además de por la situación socioeconómica del momento, por la influencia de cuadros como el Cesto con frutas de Caravaggio. "No se puede entender el complicado árbol genealógico de los Brueghel sin entender el contexto pictórico del que procedían ni una escuela pictórica en la que se reverenciaba a autores como El Bosco", añade. Precisamente un cuadro de este último, Los siete pecados capitales, es el encargado de recibir al visitante y sumergirle en la tradición que se explotaría luego con el característico drama brugheliano: temáticas vitalistas pero lúgubres de temor cristiano, festividades paganas y la nueva situación de la naturaleza en el centro del arte europeo.

 

Además de las obras firmadas por el apellido que mejor pintó el florecimiento de Amberes, en Gaviria también se pueden encontrar trabajos del estudio de Rubens o de Van der Heyden, e incluso, ya cerrando la muestra, el impresionante políptico Bodas campesinas, de Marten van Cleve. La estampa costumbrista narra una típica boda neerlandesa en seis capítulos, desde la pedida de mano, hasta la vida en pareja, pasando por el obligatorio banquete.

 

Brueghel, maravillas del arte flamenco se entiende como una justa y reveladora revisión formal a una serie de autores difuminados por la Historia que encumbra las individualidades y obvia la colectividad progresista. No en vano, el clan Brueghel fue una de las familias reconocidas dentro de la guilda de San Lucas, una organización supra-gremial y modestamente equiparable al sindicato, que servía para proteger los intereses de los artistas.