La obra del premio Nobel de Literatura regresa a su barrio en un recinto emplazado en el corazón de El Cairo Islámico

 

"Cuando me siento exhausto y experimento uno de esos ocasionales bloqueos a los que los escritores somos propensos, me doy un paseo por El Cairo viejo y casi inmediatamente me asaltan las imágenes. Es allí donde imaginé la mayoría de mis novelas, donde tuvieron lugar antes de ser trasladadas al papel", escribió Naguib Mahfuz. Trece años después de su óbito, su barrio ha saldado una deuda histórica con el Premio Nobel de Literatura, el único escritor árabe reconocido por la Academia sueca. Tras retrasos y aplazamientos, acaba de inaugurarse el museo dedicado al novelista egipcio más universal. "Creo que, si estuviera vivo, estaría contento con el resultado", confiesa a EL MUNDO Um Kulzum, la hija del escritor.

 

El museo ocupa un edificio histórico de dos plantas a unos metros de las mezquitas de Al Azhar y Mohamed Abu al Dhahab, construida en el siglo XVIII por un hombre apodado El dueño del oro por su afición de distribuir alegremente monedas de oro entre sus vecinos. Los fotogramas que aún hoy proyectan los alrededores del distrito de Gamaleya mantienen una desconcertante fidelidad con la descripción de las novelas de Mahfuz y su barahúnda de mercaderes, artesanos, cafés y llamadas del muecín. "Mi padre sólo vivió allí durante sus primeros ochos de vida. Luego mi abuelo decidió trasladar a la familia al barrio de Abasiya pero aquel niño quedó impresionado por el barrio. Sus historias sucedían allí pero tenían un sentido más universal. Gamaleya se convierte en sus obras en un símbolo que trasciende el barrio", explica Um Kulzum.

 

Las salas del museo acogen la biblioteca personal de Mahfuz, compuesta por 1.200 volúmenes, un pequeño tesoro para desentrañar las lecturas del Nobel. Entre ellas figuran novelas de otros compatriotas como Taufiq al Hakim o Sonallah Ibrahim; clásicos extranjeros como una selección de obras de William Shakespeare y un ejemplar de Dublineses de James Joyce; y ensayos de filosofía y psicología. Las vitrinas muestran objetos que una vez pertenecieron al escritor, desde sus gafas hasta los manuscritos de su fecunda producción literaria, a la que el año pasado se sumaron una colección de relatos y una breve autobiografía, hasta ahora inéditas. "Hemos cedido muchas de sus pertenencias. No puedo elegir una. Todas me recuerdan a mi padre", detalla su hija, feliz con la museografía en un país donde los museos languidecen entre capas de polvo y una extendida obsesión al horror vacui.

Busto de Mahfuz exhibido en el museo dedicado a su obra en Egipto.F. CARRIÓN

 

Anunciada durante años, la agitación que abrió el ocaso de Hosni Mubarak en 2011 y el caos habitual entre organismos públicos postergaron la apertura de un lugar que ofrece un homenaje póstumo al hombre que acercó el cosmos egipcio -desde la época faraónica hasta el triunfo del régimen militar- y sus contradicciones y miserias a lectores de medio mundo. "Espero que este museo se convierta en un centro de radiación cultural y una atracción turística", apunta la ministra de Cultura Inas Abdel Dayem. El inmueble muestra la biografía de Mahfuz desde su nacimiento en una vivienda cercana de Gamaleya en 1911 hasta su fallecimiento en 2006. Un recorrido que también refleja su obra, con una mirada nada complaciente al colonialismo británico, el golpe militar de 1952 que fulminó la monarquía y las guerras árabe-israelíes que anticiparon la decadencia que sufre hoy el país, atrapado entre los estragos de una autocracia y la bomba de relojería demográfica.

 

A la lucha entre opresores y oprimidos Mahfuz consagró parte de su literatura y sus tramas, como la monumental 'Hijos de nuestro barrio', publicada originalmente en 1959 por entregas en el periódico Al Ahram que fue tildada de sacrílega por Al Azhar y proscrita durante décadas. El museo también recuerda uno de los episodios más oscuros, el apuñalamiento que sufrió en octubre de 1994 a manos de un integrista islámico. El autor de "El callejón de los milagros" o "La trilogía de El Cairo" sobrevivió al intento de homicidio pero las secuelas le apartaron de la escritura y le obligaron a dictar sus obras. Seis años antes de aquel suceso, Mahfuz había logrado el Premio Nobel. Un instante feliz que la familia ha decidido guardar parcialmente como un hecho íntimo. "Decidimos mantener algunos recuerdos, entre ellos, la medalla del Nobel", admite Um Kulzum.

 

En las estancias de su museo, también se exhiben las películas inspiradas en sus novelas y en las que Mahfuz llegó a participar como guionista. El museo de un obsesionado por la puntualidad cuya apertura tardó años en fraguarse continúa extramuros, desparramado por los callejones continuos. Allí donde el escritor encontró siempre su "refugio" y su inspiración. "Mi alma está allí aunque pasen los años", esbozó Mahfuz. Y así sigue sucediendo si se visita el páramo mientras se leen renglones de obras como El viaje del hijo de Fatima: "Amaba apasionadamente las efusiones de los vendedores de perfumes; los minaretes y las cúpulas; la radiante cara de una chica guapa iluminando el carril; las mulas de los privilegiados y los pies de los descalzos...".