La Biblioteca Nacional descubre por primera vez el manuscrito dentro de una exposición dedicada a Menéndez Pidal.

 

"No sé si los héroes nacionales siguen siendo necesarios en nuestro tiempo, si no son un poco incómodos para nosotros. Pero si lo son, el Cid está bastante bien. Era justo, no era cruel, era un buen padre y un buen marido y, cuando tenía un problema con alguien, trataba de resolverlo a través de la ley". Esta mañana, Jesús Antonio Cid, Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, explicó así el valor de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, quizá menos anacrónica de lo que podríamos pensar.

 

El Cid es relevante hoy porque la Biblioteca Nacional expone desde hoy y por primera vez el códice del Cantar de mío Cid, tras 600 años de encierro entre colecciones monásticas, privadas y públicas. Durante los próximos 15 días, los españoles podrán mirar a través de una urna de vidrio que permanece a 21 grados centígrados y con yun 45% de humedad constante, las páginas abiertas del libro, un legajo de 64 páginas de pergamino grueso que Menéndez Pidal llamó "el acta fundacional de la literatura española". Una pequeña ojeada para el visitante, un gran paso para la Historia.

 

Algunos datos sobre el códice: su material es la tradición oral del siglo XII que fue transcrito en el siglo XIV, probablemente en el Monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos). Durante siglos, permaneció en el convento de las Clarisas en Vivar, de donde salió en 1779, prestado a Eugenio Llaguno para proceder a su edición en imprenta. Llaguno nunca lo devolvió. Poco después, el códice estaba en manos de la familia Gayangos, que estuvo a punto de vendérselo al Museo Británico de Londres. Pedro José Pidal pujó más fuerte y el códice se quedó en España. La Hispanic Society de Nueva York le puso un cheque en blanco, pero Pidal resistió. En 1969, la Fundación March pagó 10 millones de pesetas por el documento y se lo cedió al Estado.

 

El códice del Cantar de mío Cid tiene 3.700 versos de métrica irregular en caracteres góticos que narran los últimos años del caballero de Vivar, desde su destierro en 1081 hasta su muerte en 1099. Aparece la toma de Valencia, la boda, el agravio y la reivindicación de las hijas del Cid con los infantes de Carrión, la batalla de Jérica... "En la historia del Cid están valores que hoy nos emocionan: la lealtad, el compañerismo, el espíritu de superación", dijo Ana Santos Aramburo, directora de la Biblioteca Nacional.

 

La institución, en colaboración con la Fundación Menéndez Pidal, ha arropado el descubrimiento del códice con una exposición que explica la figura de don Ramón Menéndez Pidal en relación con la del Cid. Donde Unamuno desdeñó la leyenda del Campeador, Menéndez Pidal se lanzó a hacer campañas etnográficas y pesquisas por bibliotecas con el fin de entender la historia del Cid. Una anécdota: en una de esas campañas, Menéndez Pidal llegó a Granada, acompañando a su hija Jimena, a la que un enemigo de la familia le había suspendido latín en Madrid, y que esperaba examinarse en Andalucía para evitar el veto. Menéndez Pidal aprovechó el viaje para visitar el Albaicín, aunque estaba avisado de que la excursión era peligrosa. ¿Alguien podría ayudarle, introducirle entre los gitanos con naturalidad? Apareció un poeta joven llamado Federico García Lorca. Con él subió al Albaicín y recopiló canciones y leyendas antiquísimas. Cuatro años después, Lorca publicó Romancero gitano.

 

La historia la cuenta Enrique Jerez, investigador de la Fundación Menéndez Pidal, uno de los responsables de la exposición doble de la Biblioteca Naciona. En sus vitrinas aparecen otros manuscritos medievales valiosísimos, como El debate de Elena y María y el Poema de Yúçuf,e scrito en aragonés con grafía árabe. Aparece también algunos retales de la vida de Menéndez Pidal: la colaboración con María Goyri, su mujer, la primera española licenciada en Filosofía y Letras, su relación con los grandes filólogos de su época e, incluso, su papel en el rodaje de El Cid, la película de Anthony Mann con Charlton Heston y Sophia Loren. Aquel proyecto no sonaba muy bien en la España franquista, hasta que Menéndez Pidal avaló su guión. "Le encantaba que los moros españoles fuesen españoles y no sólo moros. Si se acuerdan de la película, los moros españoles vestían de colores, les gustaba el vino y la poesía. Los malos venían de Marruecos, iban de negro y odiaban la poesía".