La obra maestra de Alfonso Cuarón remata una racha colosal con cinco de los nueve galardones a los que aspiraba en la Riviera Maya

 

Jugaba en casa y no decepcionó. Roma, de Alfonso Cuarón, la mejor película del año sin discusión, ratificó su dominio en los que pretenden ser los premios de referencia del cine iberoamericano, los Platino. En total, se alzó con cinco de los nueve galardones a los que aspiraba, con un dominio aplastante de principio a fin desde el teatro Gran Tlachco de Riviera Maya.

 

Curiosamente fue John Bailey, el presidente de la Academia de Hollywood, uno de los encargados de entregarle el premio que su organismo no supe darle casi tres meses antes, el de mejor película. No fue emotivo por previsible y por la ausencia del gran protagonista de la noche, el encumbrado Cuarón. De los cinco premios, cuatro fueron directamente para el director que decidió -o no pudo- estar presente.

 

Tuvo más carga emotiva -sin exagerar, tampoco- la noche de gloria del cine paraguayo de la mano del debutante Marcelo Martinessi. Dos premios se llevó Las herederas, el relato sobre dos mujeres lesbianas y la implosión de su mundo de privilegio tras 30 años de relación. Ana Brun, magistral como protagonista, se llevó con justicia el Platino a mejor actriz como ya hizo en Berlín con el Oso de Plata.

 

"Con pocos recursos pero mucho talento estamos compitiendo con lo mejor de Iberoamérica", dijo emocionada la actriz y abogado que también debutaba en la gran pantalla. A su lado, Antonio de la Torre, ganador del galardón a mejor actor por El reino.

 

El malagueño le dedicó el premio a la viuda de Alfredo Pérez Rubalcaba, Pilar Goya, por las contribuciones del político socialista a la cinta de Rodrigo Sorogoyen. De la Torre explicó que le enviaron el guión y les mandó de vuelta un documento en PDF "con 50 notas maravillosas", algunas de ellas incluidas en el filme. "Parte de este premio es suyo", manifestó, el primero de dos distinciones para la dominadora de los Goya este año. El segundo, el mejor montaje.

 

Al margen de lo cantado, los considerados premios menores dieron un merecido protagonismo a obras que confían en continuar teniendo voz más allá de sus fronteras. Almudena Carracedo disfrutó de sus segundos de gloria por El silencio de otros, el documental sobre la lucha silenciada de las víctimas de la dictadura franquista, que también se hizo con el Goya. "Es una historia de solidaridad entre España y América Latina, una historia sobre la memoria y la búsqueda de justicia. Esperamos que la película se vea en América Latina para seguir la conversación", afirmó la madrileña, responsable de Made in LA.

Antonio de la Torre sostiene el premio <HIT>Platino</HIT> a la mejor interpretación.José Méndez

 

La cinta animada Un día más con vida, de Raúl de la Fuente y Damian Nenow, también prolongó su racha triunfal tras el Goya y el premio del público en el festival de San Sebastián. El viaje del inmortal Ryszard Kapuscinski a la guerra civil en Angola resonó en la Riviera Maya. Por su parte, la colombiana Pájaros de verano, del magnífico Ciro Guerra, evitó irse de vacío con el Platino a mejor dirección de arte.

 

En el apartado televisivo, que también tienen los Platino, Netflix copó dos de los tres premios que se repartían. Cecilia Suárez se hizo con el galardón como mejor interpretación femenina por La casa de las Flores, y Diego Luna hizo lo propio por Narcos México. Sin embargo, fue Arde Madrid la distinguida con la estatuilla plateada a mejor serie. "También hay vida después de Netflix", soltó Paco León para rematar su discurso, director y guionista de la serie.

 

Raphael recibió el Premio de Honor a toda su carrera con un discurso simplón y dos canciones, incluyendo la omnipresente "Yo soy aquel". Fue el plato fuerte en materia de entretenimiento de una gala conducida por Santiago Segura y Cecilia Suárez.

 

Segura tuvo su gracia haciendo de presentador por segunda vez. "Los Oscar son unos premios en decadencia", dijo tras presentar a Bailey, el mandamás de la Academia de Hollywood. "Este año no tuvieron ni presentador". Todo lo contrario que la actriz mexicana Cecilia Suárez, tan expresiva como un clavo. Parece que darle gracia y color a las galas de premios se ha vuelto ya toda una proeza.