...Y el reto de la cohesión. En contra de las previsiones que desde el siglo XIX anunciaban el desgajamiento del idioma, la comunidad hispanohablante nunca se había comunicado con tanta comprensión mutua

 

En 2016, durante el Congreso Internacional de la Lengua que se celebró en San Juan de Puerto Rico, un tema se convirtió en obsesión: la sensación de que la isla estaba dejando de ser un territorio de habla hispana para abrazar un nuevo idioma lleno de inglés pero que no es el inglés, difícilmente comprensible para cualquier otro hablante de español. Tres años después y con la distancia de estar a miles de kilómetros de Estados Unidos, las cosas se ven distintas. Se impone la sensación de que el idioma español sigue siendo una sola cosa, con mil variaciones, y que esa resistencia es una feliz sorpresa histórica.

 

«En el siglo XIX, el pronóstico era que el español iba a desgajarse y desaparecer como pasó con el latín. Estamos en el siglo XXI y la gran fortaleza del idioma es su unidad. El español tiene un porcentaje de contenido común, pongamos que un 80%, que es asombroso para un idioma tan extendido por todo el mundo».

 

Quien habla es Francisco Javier Pérez, académico venezolano y secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Su teoría es que el español, lejos de romperse, se ha hecho más fuerte en los últimos años gracias a que el mundo está mucho mejor conectado. Un ejemplo: los españoles que hace tres décadas ignoraban en qué se diferenciaba el español de Chile del español peruano ahora conviven con el chileno, con el peruano y cualquier otra variedad del idioma casi todos los días, a través de YouTube, de Netflix o de la inmigración. Y puede, incluso, que hayan hecho suyos algunos modismos. «De niño sólo recuerdo estar familiarizado con el español de México gracias a las telenovelas. Hoy, eso no ocurre: somos mucho más conscientes los unos de los otros.La unicidad es la misma pero la permeabilidad ha aumentado mucho», explica Pérez.

 

«Piense en la televisión.En mi país, por ejemplo, las televisoras estatales están secuestradas por los gobiernos... Por eso, la gente ve mucha TVE y mucho Antena 3 y así se familiariza con la forma de hablar de España».

 

Hay quien dice, incluso, que está naciendo un «español de Miami», una nueva variedad del idioma que es una mezcla de todos los acentos de América y que es la que se escucha en todas las televisiones del continente. «Yo creo que es un poco exagerado pensar en que ese español de Miami vaya a ser un español neutro que se extienda por toda América. Lo que sí que hay es una manera de hablar español que se da en Florida y que tiene el aspecto de una koiné hispanoamericana.Digamos que es una especie de cubano rebajado por el exilio y mezclado con otros acentos: mucho venezolano, mucho mexicano... Hay cosas ingeniosas ahí. Pero ojo porque hay otro español de Nueva York en el que la base es el puertorriqueño y el dominicano y que también funciona de una manera parecida».

 

¿Alguien se acuerda del lío de Roma, cuando Netflix subtituló al español de España la película de Alfonso Cuarón porque alguien pensó que los espectadores de la península no iban a entender los diálogos? «Lo de Roma fue absurdo», opina García. Pero el ejemplo es valioso si se compara con lo que ocurre con otros idiomas. En Brasil, por ejemplo, es habitual subtitular las películas portuguesas. Y en África, el francés es un idioma que se lee en los carteles pero que se habla poco. «El éxito del español es que ha sido una lengua bastante flexible. A pesar de que tanto se dice de que es una lengua enclaustrada, el español está muy abierta a los cambios. Es fácil incluir modismos de otras hablas. El español es un doble juego: hay una unidad que está a la vista porque podemos entendernos perfectamente personas de 20 países diferentes. Eso es una fortaleza. Y la diversidad es enriquecimiento. También los anglicismos enriquecen».

 

¿Y lo de Puerto Rico? «Lo de Puerto Rico es un caso muy excepcional, no pasa en ningún otro sitio, ni siquiera en la frontera de México. Quedan muchos hablantes que usan de un español puro, pero otros muchos puertorriqueños están muy condicionados por el inglés. Muchos de ellos creen que están hablando en español pero ya no lo hacen: no sólo cambian el léxico y pronunciaciones, también cambian formas sintácticas... Pero también por eso mismo, Puerto Rico es un bastión de defensa del español».