¿Qué hacemos en la oscuridad? Una teoría asegura que 9 meses después de un apagón prolongado, se dispara la tasa de nacimientos… ¿será cierto?

 

Barcelona, Nueva York y once pueblos en los Países Bajos comparten un rasgo en común. Las notas en los medios de comunicación al respecto son confusas. Las historias tienen inconsistencias en cada caso. Pero algo permanece constante en todas ellas: 9 meses después de un apagón prolongado, los índices de natalidad se elevaron.

 

Apagón y nacimientos: una relación no-causal

 

1965, 2007 y 2008 fueron los años en los que estos bloqueos de electricidad se dieron en estas tres ubicaciones. Primero Estados Unidos, luego Holanda y finalmente España. Además de que en todos los casos coincidió un “boom de nacimientos” en un periodo similar, llama la atención que la lógica detrás de este razonamiento es quebradiza.

 

Detrás de pensar que a raíz de apagones prolongados las personas tuvieron más sexo hay cierto tinte mítico, que tiene poco fundamento en datos duros. De acuerdo con S. Philip Morgan, profesor de sociología y demografía de Duke University y presidente de la Population Association of America, la relación entre el fenómeno y la actividad física no es causal.

 

Otras posibilidades se pasan por alto

Si bien es cierto que es probable que diversas parejas hubieran aprovechado la oscuridad para tener intimidad, éste no es un factor determinante para concluir que gracias a eso hubieron más nacimientos nueve meses después. Suponer esto anula la posibilidad de que hubieran decidido usar métodos anticonceptivos.

 

Por el contrario, los registros históricos que se tienen sobre estos eventos señalan que muchas parejas se fueron a refugiar fuera de la ciudad. En otros casos, permanecieron en sus lugares de trabajo para continuar con sus actividades normales, sin afectar sus ingresos de una manera importante.

 

¿Una leyenda urbana?

 

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano tiene la necesidad de mitificar su realidad. Los procesos y las causalidades que llevan a ciertos resultados importan muy poco frente a la posibilidad de encontrar una explicación ulterior —más grande, más profunda en apariencia— a lo que nos pasa.

 

En el caso de que un embarazo sí se hubiera concretado —porque ésa sí es una probabilidad cuando se tienen relaciones sexuales—, según Morgan, pensar que el boom está relacionado directamente con el apagón anula la posibilidad de que las parejas hubieran decidido abortar.

 

En otro escenario, se cancela la probabilidad de que el periodo de gestación no hubiera llegado a su fin. Estos argumentos lo llevan a pesar que no es más que una leyenda urbana que los embarazos sean más frecuentes durante enormes apagones que dejan sin electricidad a millones de personas.