Las grandes fortunas materiales y financieras son amasadas y heredadas a las nuevas generaciones de gobernadores, especuladores, empresarios, funcionarios públicos corruptos, integrantes de la élite clerical, entre otros. Gracias a esta capitalización política del poder económico la pobreza y el hambre ensanchan su dominio en todo el territorio mexicano. El ritmo de crecimiento de estas es ininterrumpido, por la sencilla razón de que en México no se administra, y mucho menos se reproduce la riqueza social, lejos de ello se vive de esta, se utiliza como trampolín para tener acceso a privilegios muy específicos o beneficios que tienen a la perpetuidad en el poder, directa o indirectamente.

 

 

La pobreza y el hambre tienen un amplio espectro de acción en México, en tiempo y espacio.  Nada nuevo si tomamos como referencia histórica las hambrunas y saqueos generalizados por los invasores españoles, las múltiples guerras antes y después del “proceso evangelizador”, durante la guerra de independencia y la revolución mexicanas. En la actualidad el saqueo continúa. La historia de México está preñada por los saqueos, ahora propiciada por las multireformas a modo que encabeza el actual gobierno federal cuya característica común es la corrupción y la impunidad, no de hoy ni de ayer, sino de generación en generación sexenal, de abuelos y abuelas a nietos, de y madres a hijos.

 

La pobreza y el hambre fueron convertidas con sobrado éxito en antídotos mediáticos para soportar lo que hoy queda del otrora sistema político mexicano. El hambre y la pobreza como medios de control social y político, “garantía de la gobernabilidad” electorera. Ambas representan el caldo de cultivo para “fabricar” votos. Los institutos políticos mexicanos saben esto de sobrada forma y también lo han capitalizado al grado de convertirla en regla general. Ahora, una nueva forma de saquear el erario público de la población mexicana es a través de las “candidaturas independientes”, que también serán financiadas por institutos nacionales o estatales, según sea el caso. Se trata de candidaturas promovidas por todos los partidos políticos existentes en México.

 

El saqueo masivo y sistemático a la nación mexicana lleva más de 500 años, los mismos años que han mantenido empobrecidos a sus habitantes. La corrupción y la impunidad son la “epidemia” del país, son parte de la cultura legada por la clase política y empresarial mexicanas. La impunidad mexicana es fuente inagotable de deslegitimación oficial e institucional. El Estado mexicano está en entredicho como nunca antes lo había estado, y son la pobreza y hambre parte del motivo de esta debacle estatal, la violencia y la inseguridad son otros de los factores de esta decadencia oficial.

 

Se trata de numerosas generaciones de gobernadores, presidentes de la república, integrantes del gabinete presidencial, legisladores locales, federales y alcaldes que seguirán fomentando e inventando nuevas formas de malversar, desviar o robar el dinero del presupuesto público en favor de mayor pobreza y hambre entre la población mexicana más vulnerable. No es desconocido que recursos multimillonarios canalizados para numerosos programas en beneficio del campo, obra pública e incluso utilidades de los trabajadores, terminen siendo desviados para festejos particulares o privados, malversados en beneficio de las rancherías de diversos caciques políticos o de gobernadores. Son comaladas de nuevos ricos las que se han producido en los últimos años bajo la interminable ola de robos al erario.

 

Se trata de interminables “feudos de impunidad” que han permeado a México durante muchas décadas, gracias a la inacabable corrupción de los gobiernos en turno. Los orígenes del la pobreza y el hambre también descansan en la impunidad. 

 

"Los mexicanos perciben que la corrupción es un problema tan grande incluso por encima de la pobreza y el desempleo, que uno pensaría que son los dos problemas que más nos afectan directamente. Pues no. El primero es, desde luego, la violencia pero el segundo es la corrupción. Y muy dramáticamente pensamos que en cinco años vamos a estar peor. Ese es el tamaño de la deslegitimidad de nuestras instituciones", señalan diversas asociaciones y sociedades civiles dispuestas a “combatir el hambre y la pobreza en México” (la Jornada digital, julio 11, 2017).

 

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