“Un primer mandatario no tiene derecho a la infelicidad.

Para eso están los gobernados”. Calos Monsiváis.

  

Estudiantes y líderes que hayan presenciado o participado en las manifestaciones del 2 de octubre de 1968, no los hace héroes  ni mucho menos simular autoridad moral para pararse frente a una multitud y vociferar que gracias a ellos México ha cambiado. No se trata de gestos protagónicos y hablar de sí mismos: “Soy un incansable luchador social y esto me da los puntos suficientes para ser candidato a un cargo de elección popular”. No son pocos los que aprovechan la desinformación y la ignorancia de muchos para autoerigirse en “líderes morales” del pasado Movimiento Estudiantil del 2 de octubre de 1968. Movimiento repudiado por gobernadores y mandatarios pro yanquis y genocidas como sin duda lo fue  Ex Presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz (GDO) y su Ex Secretario de Gobierno Luís Echeverría Álvarez.

 

Se trata de los otrora enemigos naturales del comunismo y de toda forma que pudiera coquetear con organización o partido político vinculado con cualquier célula de esta extracción política”, “estos deben ser declarados clandestinos o ilegales, además, deben ser aniquilados por que representan un peligro para la paz en México”. Esta fue la constante con GDO, distinguido integrante de “los Caballeros de Colon”. Los medios nacionales e internacionales del momento no se equivocaron al definirlo como el Presidente más represivo y sanguinario de la historia moderna de México”.

 

No hay lugar a la duda: Díaz Ordaz aplasto al movimiento ferrocarrilero en 1959 que lideraba Valentín Campa y Demetrio Vallejo, líderes emblemáticos y presos políticos de la perseguida e incipiente izquierda mexicana. José Revueltas, autor de la novela Los días terrenales, ha profundizado sobre el status social de esa época y cuya calidad y estilo literarios resultas incuestionables e inatacables, por verídicos. Pero, ¿Quiénes son “Los Caballeros de Colón? GDO el fascista recalcitrante y distinguido miembro de esta secta política de élite que “no era gratuita” y que en algún momento conto con más de millón y medio de miembros en el mundo.

 

Esta organización es considerada la mayor organización laica del catolicismo y cuenta con “Consejos” en Estados Unidos, Canadá, México y Filipinas. Fue fundada en New Haven el 29 de marzo de 1882 por el sacerdote Michael J. McGivney, de origen irlandés. Podemos observar que la fecha es casi coincidente con la época de las grandes excomuniones vaticanas en contra de la Masonería. Una de las grandes controversias provocadas por los “Knights of Columbus”, su nombre original en inglés (Caballeros de Colón), fue el haber nacido como una ínsula católica militante, en medio del pensamiento protestante, la asociación de las Damas Isabelinas para las esposas de los caballeros, una organización para sus hijas -las Colombinas de María- y una organización juvenil masculina denominada “Los Escuderos de Colón”. (http://www.diariomasonico.com/reportajes/los-caballeros-de-colon).

 

El poder político de algunas familias mexicanas, políticos de “la burbuja”, gran parte del empresariado mexicano y distinguidos miembros de élite clerical fueron miembros de “Los Caballeros de Colón”, a ellos se debió en gran medida la decisión para que “las guardias blancas” detonaran sus armas contra la multitud estudiantil, contra niños y jóvenes y la población que solidariamente apoyaba a los estudiantes. Evidentemente, esos fueron los “mejores tiempos de Los Caballeros” que fueron desplazados por otros más fascistas como el Opus Dei, El Yunque o Los Legionarios de Cristo.

 

La mayor similitud entre GDO y Enrique Peña Nieto, es que ambos simpatizan con la desaparición de cadáveres, sepulturas clandestinas y enemigos políticos incinerados: “Para que no se queden huecos en una familia, habría que acabar con la familia entera”. “La imposición del terror por el miedo”. Tanto la masacre del 2 de octubre de 1968 como la masacre perpetrada por fuerzas federales en contra de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, ensombrecieron al México que jamás volverá a ser el mismo, incuso, después de los temblores de septiembre en Chiapas, Oaxaca y la Ciudad de México. En este nuevo contexto, es loable reconocer que los “Millenials” son determinantes y/o esenciales para la reconstrucción política y social de México.


 

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