LOS NÚMEROS HABLAN

Lejos parecen ya los días en que escuchamos las promesas de campaña de transformar a México con reformas estructurales que nos permitirían gozar de una mejor situación económica, y  muy por el contrario, hemos llegado nuevamente a ese punto donde empezamos a escuchar discursos y disertaciones acerca de las razones de una nueva crisis económica (aunque no la quieran llamar así por cuestiones políticas), desde el incremento del petróleo hasta la volatilidad internacional, pasando por la devaluación del peso y los factores macroeconómicos – sea lo que sea que eso pueda significar – lo cierto es que estamos en CRISIS .

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Mucho se ha hablado de las reformas fiscales que se han aprobado en el pasado reciente por parte del gobierno mexicano; sin embargo, poco o nada se habla de las expectativas por parte de la sociedad en México y lo que merecemos como ciudadanos en relación con dicha reformas.

 

Una reforma fiscal incluyente debe abarcar aspectos muy profundos de nuestra sociedad como son la equidad (dar el mismo trato a quienes se ubican en el mismo supuesto jurídico), la legalidad (que el tributo no dé margen a la arbitrariedad sino que sus elementos sean claros), la proporcionalidad (que la contribución al gasto público sea de acuerdo a la capacidad contributiva personal), y el destino del gasto público (que debe tener un sentido social y colectivo).

 

En éste último punto “El destino del gasto público” es donde me gustaría esbozar algunas ideas que me parecen pertinentes en el contexto de la actual crisis económica y política que vive nuestro país, toda vez que de la manera en que se ejerza el presupuesto será clave para el crecimiento que México necesita, solo si dicho ejercicio (el de gastar) se hace de manera responsable y transparente.

 

Cuando se habla de gasto público debemos entender que se trata del destino de la recaudación que el Estado debe garantizar en beneficio de la colectividad, dado que tiene un sentido social per se, por cuanto el importe de las contribuciones recaudadas se debieran destinar a la satisfacción de las necesidades colectivas y sociales.

 

No obstante, es aquí donde el término “Ilusión Fiscal” hace su aparición, ya que éste fenómeno se presenta cuando una persona percibe de forma sesgada los costos y beneficios de la acción pública, es decir, el individuo piensa que recibe más beneficios del Estado en comparación a su contribución, o por el contrario, considera que no recibe los beneficios suficientes con respecto a los impuestos que paga.

 

Es aquí donde los mexicanos nos merecemos una política fiscal integral y transparente que abarque no sólo el recaudar más impuestos sino también el que se gasten de mejor manera para que la ilusión fiscal de la que muchos padecemos (cuando menos seguramente aquellos que si contribuimos al gasto público) al considerar que los beneficios que recibimos por parte del Estado son insuficientes para cubrir el objetivo para el cual fueron creados los impuestos (que es el bienestar social), sea erradicada de nuestra realidad cotidiana.

 

En nuestro país hace falta saber con mayor detalle en que se gastan los impuestos y que beneficios obtiene la sociedad con los mismos, la transparencia debe ser el pan nuestro de cada día del gobierno si lo que se pretende es un cambio verdadero, y así evitar casos como el desvío de recursos en campañas electorales, el enriquecimiento de funcionarios y sindicatos corruptos al amparo de las autoridades, el endeudamiento exagerado de los estados, el deficiente suministro de servicios básicos como luz, agua, seguridad, mantenimiento de vialidades, etc.

 

Finalmente, si bien es cierto que toda reforma fiscal que busque el crecimiento económico del país es plausible,  esto no significa que se deba dar un cheque en blanco al gobierno, como sociedad debemos ser diligentes en  aquello que por justicia nos corresponde al tratarse de los recursos del país, demandar el derecho a estar informados y que los gobernantes rindan cuentas sin subterfugios sobre el destino de las contribuciones, ya que todos los mexicanos tenemos derecho a saber que se hace con el ingreso público pero sobretodo tenemos el derecho a que se gaste de manera responsable en beneficio de todos. Solo con la inclusión de una reforma que pugne por un gasto transparente y responsable podremos decir que México tiene la reforma fiscal que merece.

 

 

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