Mucho se comenta y se critica sobre el mal trabajo de los gobernantes y del pésimo resultado que brindan los diputados y senadores, actores políticos que han hecho todo lo posible para tener una calificación reprobatoria de la sociedad en general.

 

Abusos, excesos, corruptelas, saqueos, rapacidad, negligencia, opacidad, censura y desvíos de dinero, son algunas de las acciones ilícitas en las que incurren miembros de todos los partidos que, por un lado, ya generaron un claro distanciamiento con los ciudadanos, y por el otro, las propuestas de estos últimos con la finalidad de acotar el poder y representación de la clase política.

 

Por décadas, México fue un país dominado y gobernado por un solo partido y desde el año 2000, la división de puestos a nivel local y municipal entre las fuerzas ha sido cada vez más frecuente, sin que esto se traduzca en más funcionarios eficientes y honestos ni servicios públicos de calidad.

 

Los pioneros

 

En 2003, ciertos personajes ligados a la política como Jorge Castañeda (ex canciller en los primeros años del sexenio de Vicente Fox), impulsaron la figura de la Candidatura Independiente, la cual estaba sustentada, dijeron, en el derecho a “votar y ser votado”; a la par, el sector empresarial tuvo mayor presencia en el Congreso de la Unión a través de los “Legisladores Ciudadanos”, quienes llegaban cobijados por las siglas de un instituto político sin afiliarse a éste.

 

Tras la polémica elección presidencial de 2006, la Ley Electoral buscó (mas no alcanzó) disminuir los gastos de campaña y transformar el modelo de comunicación política, con el propósito de mejorar la democracia en México y tres años después, varios académicos e intelectuales promovieron el “Voto Nulo” que consistió en no elegir a ningún candidato y tachar la boleta como señal de protesta.

 

Nuevas reglas

 

El enfado siguió acumulándose y durante los años 2012, 2013 y 2014, el Poder Legislativo se vio obligado a “abrir los candados” y establecer en la Constitución el derecho a postularse de manera independiente.

 

La lucha en esta materia ha rendido frutos; sin embargo, el gran problema radica en traducir todos aquellos logros en un amplio consenso, esto si se toma en cuenta que sólo el 10 por ciento de los mexicanos creen que los partidos se preocupan por los intereses colectivos, según la encuesta realizada por la firma Gea- Isa el pasado mes de junio.

 

Desinflados

 

Si se pudieran sumar todos estos factores, la lógica supondría que existen las condiciones ideales para que emerja un movimiento alternativo; no obstante, en 2017, el plan de los aspirantes presidenciales por la vía independiente está muy lejos de llegar a buen puerto.

 

A pesar de que los requisitos que marca la ley, como las 866 593 mil firmas de apoyo para obtener el registro, los mexicanos se muestran apáticos, pasivos, no se involucran más allá de la jornada electoral y tampoco exigen cuentas a sus mandatarios de los tres órdenes. Por desgracia el país tiene una “Sociedad Cero” que no resta y lejos está de sumar.

 

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