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No es raro aún escuchar entre los adolescentes y jóvenes de este país que acuden a la escuela y que se encuentran en los niveles básico y medio, e incluso entre los universitarios, aquella justificación, por llamarlo de alguna manera, de que aplicarse en el estudio es garantía de tener “un empleo estable para toda la vida”.

 

Sin embargo, son muchos los indicios que apuntan a que ese paradigma no sólo ha dejado de tener vigencia, sino que también pasa a la historia de la misma manera que el modelo de la gran empresa ha dejado paso al protagonismo a la pequeña empresa y al autoempleo.

 

Pero, ¿el sistema educativo de México está diseñado para impulsar el emprendedurismo?

 

La pregunta es muy interesante. Promover la vocación emprendedora en la educación básica tiene muchas ventajas. Entre otras, la más inmediata es que los alumnos llegarían al nivel superior con actitudes y aptitudes muy valiosas.

 

Por otra parte, un gran porcentaje de los adolescentes no termina la educación secundaria y se convierten en los llamados “ninis”. Por lo que promover actitudes y competencia emprendedoras puede ser una estrategia muy fructífera, especialmente en un país como el nuestro donde cientos de miles de jóvenes egresan anualmente sin tener una fuente de empleo segura.

 

En general la educación de nuestro país, en todos los niveles, debería estar más comprometida con la generación de actitudes y aptitudes emprendedoras, implicando a profesores y alumnos. Y es que el acceso al emprendedurismo forma parte de la base de la igualdad de oportunidades que debe propiciar cualquier sociedad, dentro de la propia cohesión social deseable.

 

Al promover la cultura del emprendedurismo desde el nivel básico quizá resulte más efectivo que valores como la creatividad, la conciencia de la adaptación al cambio permanente, la mentalidad imaginativa, la curiosidad, la actitud innovadora, entre otras, permeen en el menor.

 

Las generaciones actuales buscan autonomía, trascendencia, compartir, desafiarse a sí misma. ¿Qué mejor lugar que un emprendimiento para lograrlo?

 

Un emprendedor es un cazador de sueños, un realizador de ideas. La flexibilidad profesional de un emprendedor, así como los horizontes humanos que están en capacidad de alcanzar, no tienen límite, como sí puede tenerlo en algunas organizaciones que, a pesar de ofrecer buenos salarios, no fomentan el desarrollo integral de sus colaboradores.

 

El reto contemporáneo, no solo para las instituciones el gobierno, sino para las propias empresas, es encontrar la manera de ilusionar a los jóvenes, para hacer posible ese camino de trascender en la sociedad, y que lo vean no solo como un trabajo al que se pueden dedicar de lleno, sino como una vocación, humana y profesional, que colmará sus expectativas.

 

El emprendimiento debería ser un tema que se aborde en todos los niveles educativos, de muy diversas maneras, no como un fin es sí mismo, sino porque su desarrollo supone formar una serie de habilidades personales y profesionales necesarias para el mejoramiento de cada individuo. Esto podría ser posible a través de la definición de proyectos acordes con las circunstancias vigentes y el público de interés.

 

Con frecuencia se dice que la mejor forma de ayudar no es regalar el pescado sino enseñar a pescar, pero antes debemos cuestionarnos si lo que hará feliz a esa persona es ser pescador.

 

Es deber de un gobierno el garantizar la igualdad de oportunidades, y la educación es un medio básico para lograrlo. Además, de ser un motor incuestionable del desarrollo y la prosperidad de un país. No solo por su función educativa, sino por su papel transformador de un modelo productivo y social.

 

Recuerden que: “Si hubiera preguntado a mis clientes qué es lo que necesitaban, me hubieran dicho que un caballo más rápido”. Henry Ford.

 

 

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