“Sobre mi cadáver, por un Cuicuilco vivo”, fue el lema de batalla que vecinos y activistas utilizaron como emblema contra la construcción de la Torre Inbursa, que habría lastimado el entorno visual de la zona arqueológica de Cuicuilco. Hace dos décadas, la presión social y mediática propiciaron que el proyecto arquitectónico del corporativo de uno de los hombres más ricos del mundo fuera cambiado.

 

 

El proyecto original de Teodoro González de León, que proyectaba el levantamiento de 22 pisos, “se vino abajo”, se optó por otro y se construyó un edificio de sólo siete pisos, que dista de ser del agrado de muchos arquitectos por su calidad arquitectónica menor.

 

Cerca de Cuicuilco se gesta una historia que podría no tener el mismo final. El espacio visual del campus central de Ciudad Universitaria, Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, sería afectado por la construcción de un complejo inmobiliario de dos torres, una de ellas de hasta 27 pisos, que albergarían 600 departamentos, además de comercios y otras amenidades.

 

Otro caso muy visible fue la construcción de un Walmart en las inmediaciones de la zona arqueológica de Teotihuacán, cuya aprobación implicó incluso demandas por corrupción en el cambio de uso de suelo. “Cuando se diseñó Teotihuacán se buscaba generar una relación visual que replicaba el paisaje circundante en el valle en el que se encuentra, como si fuera una montaña más en ese escenario”, señala en entrevista Armando Rosales, especialista en estudios urbanos y ambientales de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la UNAM. “Parado en la pirámide de la Luna, la pirámide del Sol replica la forma de la montaña de atrás”.

 

Así, los ejemplos de esta agresión al paisaje cerca de sitios patrimoniales y culturales abundan a lo largo de la zona metropolitana y otras entidades del país. El problema es que no hay una reglamentación en la construcción que lo evite.

 

Por ejemplo, el sitio arqueológico de Xochiquetzal (Tlaxcala), cerca de Cacaxtla, perdió su espectacular visibilidad hacia los volcanes debido a la construcción de un corporativo de la fábrica de cerámica Santa Julia, que se encuentra en medio de la nada a varios kilómetros de Puebla. “Ahora se puede ver la pirámide, los volcanes y el rascacielos. El impacto visual es tremendo”.

 

Otro caso más, pero con actores distintos: La oposición del INAH con el Ayuntamiento de San Juan del Río (Querétaro), a la construcción de un puente peatonal a un lado de los arcos del Puente de la Historia, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El conflicto escaló, pero finalmente el puente fue clausurado.

 

UN NUEVO MARCO LEGAL. El especialista de la UNAM refiere que en el caso de Cuicuilco la visibilidad hacia el Valle de México y los volcanes es muy importante, por lo que evitar la construcción original del corporativo de Carlos Slim fue un acierto, pero no siempre es así en todos los casos. “Esto ocurre porque no hay mecanismos federales legales de protección del paisaje”.

 

En Europa y algunos otros países con edificaciones de valor cultural se han generado estos mecanismos de protección, los cuales buscan mantener desde el paisaje de Stonehenge y de las pirámides de Egipto, hasta villas del siglo XIII y pequeños templos, refiere el especialista.

 

Para ello, se debería de pensar más allá de la planeación de los polígonos territoriales. “En Teotihuacán el polígono comprende la zona arqueológica, pero lo que sucede afuera ya no es competencia del INAH, sino del ayuntamiento. Es decir, hay que armonizar todo el marco normativo legal para que los programas de desarrollo urbano contemplen algún mecanismo federal o transversal de cooperación entre ayuntamientos y autoridades federales, para proteger todo el territorio, partes urbanas, agrícolas, cerros, montañas…”.

 

El académico de la FES Aragón refiere que se piensa que estos problemas son locales y se deben resolver de igual forma. “Que es un asunto del INAH contra el puente en San Juan del Río, de Teotihuacán contra el Walmart, de los vecinos de Cuicuilco paralizando la torre de Slim, y de académicos y artistas en desacuerdo con el Edificio H de la UNAM. Pero si te están construyendo fuera del sitio de interés es porque lo permite el reglamento de construcción”.

 

Agrega que si se modifica el paisaje del campus central de CU con las dos torres de la inmobiliaria Be Grand, la UNAM, los vecinos y la sociedad, se podrán manifestar, “pero si la ley no obliga a la inmobiliaria a consultarlos y diseñar un programa de desarrollo urbano con ellos, expertos y la comunidad académica, hay un problema en el marco legal”.

 

Rosales añade que esto debe estar suscrito de manera explícita en la ley, y la ciudad podría ser un buen punto de partida.

 

INICIAR POR LA CDMX. El especialista apunta que ahora que la CDMX rediseña su marco constitucional y legal, sería un buen momento para revisar sus programas de desarrollo. “La próxima administración tiene como obligación revisar y adecuar los programas de desarrollo y los reglamentos de construcción, y no sería mal momento para que los ahora candidatos consideren la protección del paisaje circundante de la capital y el impacto que tiene su alteración sobre nuestras zonas de conservación y patrimoniales”.

 

Agrega que el cambio de alcaldías y cabildos permitirían esa transición (algo que ya no le tocará al gobierno de Miguel Ángel Mancera) así como nuevas restricciones al uso del suelo. “Será así el momento adecuado para meter en la agenda el tema y el próximo jefe de gobierno lo presente a la asamblea legislativa, para que al momento en que se modifiquen esos proyectos de desarrollo urbano de la ciudad, se establezca una protección integral y no de polígonos aislados”.

 

Armando Rosales dice que lo importante en una ciudad como la CDMX, que se transforma permanentemente, es que la planeación urbana sea cada vez más incluyente y considere una buena relación con los vecinos. “A los desarrolladores e inmobiliarias no les quedará de otra, tendrán que aportar, consultar y dialogar más de forma pública para evitar los problemas sociales que generan estos megaproyectos urbanos”.


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